The Outer Spaces

9 de agosto de 2009

Dependencia entre Regímenes y la Teoría de las Políticas de Estabilización

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La Teoría de las Políticas de Estabilización (a veces considerada teoría macroeconómica, con o sin justicia), ha seguido la muy desafortunada situación de la separación, o el aislamiento, del análisis de los Regímenes Monetarios¹.
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Como su nombre permite entender, las (muy diversas) políticas de estabilización tienen su sentido en relación al ciclo económico; de ahí que lo que hacen, es estabilizar el proceso socio-económico cuando éste sigue alguna clase² de patrón cíclico.
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El hecho de la constitución de fondos fiscales anticíclicos en las economías que en los últimos años siguieron regímenes de flotación-metas de inflación, fué compatible con los amplios aumentos del gasto público en Argentina, economía que siguió por el contrario, un regimen discrecional.
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Eso porque durante los años de la inversión de la curva mundial de rendimientos, ambas clases de regímenes (el discrecional de Argentina y el flotador de los emergentes) se encontraron sujetos a situaciones, practicamente hablando, imposibles de comparar respecto de la ciclicidad en su proceso socio-económico.
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De manera que, la interpretación del aumento del gasto público de Argentina, a la luz del comportamiento fiscal de economías emergentes en las que la constitución de fondos fiscales anticíclicos convivió con un régimen de moneda internacionalmente estandard (la flotación), es una interpretación que hace de cuenta que en Argentina se hubiera establecido una flotación, y hubiera estado sujeta a la misma ciclicidad inherente a tal, en vez de haber estado moviéndose a partir de un régimen discrecional, prácticamente antagónico a dichas flotaciones³ (y con una ciclicidad completamente distinta).
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Como se decía al principio, la separación de la teoría de las políticas de estabilización y la de los Regímenes Monetarios, es muy desafortunada.
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Permitiento, por ejemplo, olvidar completamente las drásticas consecuencias de no dejar flotar la moneda (y en Argentina, ciertos impuestos) durante un período particular de la economía mundial, es decir, las consecuencias de colocar a un país en un régimen discrecional (cambiario-impositivo) en tal momento puntual, y confundir el eventual o subyacente patrón cíclico de ambos casos, para después establecer una identidad entre el momentum de sus posiciones fiscales (o parte de ellas).
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Y permitiendo así, que el debate quede centrado en la aparente discordancia entre el momentum de las posiciones fiscales, en vez de dirigirlo a la esclarecedora y simple cuestión de la existencia (y consecuencias) de regímenes monetarios (incluyendo lo impositivo) totalmente alejados entre sí.
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Aún cuando pudiera parecer irreal tratar de señalar el ciclo socio-económico desatado por la obstinación política en posicionarse en un régimen discrecional, y apuntar a una flotación monetaria como salida elemental, aún así la identificación de ambas macroeconomías como si fueran iguales, y la subsiguiente aplicación de una especie de única Teoría de Estabilización para ambos casos por igual, no hace otra cosa que confundir más todavía la simple dinámica real de las cosas.
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En la Argentina reciente (sin flotación cambiaria ni impositiva), a diferencia de los emergentes con flotaciones y mercados libres, hubo dos patrones cíclicos contrapuestos simultáneos o bien, un patrón cíclico engendrado por el Banco Central más la política impositiva, sumado a y parcialmente a causa de un mundo que simultáneamente, aplica políticas de estabilización (de tasas de referencia) durante un momento (anclado en las políticas cambiarias de países de Asia) altamente expansivo.
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Dichos emergentes, recibían mejoras en sus Tots y bajas en sus tasas de interés de largo plazo (Investment Grades, por ej.) simultáneamente al aumento de sus tasas de interés de referencia domésticas y la constitución de fondos fiscales anticíclicos (totalmente justificados en ése mercado-invertido, que ofrece bajísimas rendimientos a plazo y altisimos Tots y que le ofrece esos dos elementos a pesar de y gracias a esas dos políticas), mientras que Argentina recibía de su política cambiaria e impositiva, altas tasas de interés (con catastróficas consecuencias de sustituir inversión por consumo) y altos Tots, parte de los cuales (via su política impositiva) eran destinados a paliar las consecuencias de dichas altas tasas de interés, a través del aumento del gasto público, que sólo pudo oponer a la catastrófica caída natural de la inversión privada, una expansión del consumo, que nunca corrió el riesgo de ser hiperinflacionaria, pero que fué cada vez más inflacionaria en tanto requirió la continuidad de un régimen cambiario-impositivo que, asfixia financiera paulatina mediante, dejara correr la inflación de costos que padeció la economía, imposible de revertir sin cambiar el régimen (y sin embargo, el llamado tipo de cambio real se habría mantenido siempre aproximadamente constante, a pesar de lo cual, la economía fué desestabilizándose por asfixia financiera, privada en primer lugar, y sólo más tarde fiscal).
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De aquí puede observarse que la ciclicidad potencial en dichos emergentes, que era atajada por los fondos anticíclicos fiscales, consistía en la eventual estabilización del crecimiento de la tasa de inversión relativa a la propia del consumo (y que gracias a dichos fondos anticíclicos, que tendían a abatir la tasa relativa de crecimiento del consumo, pudo ser cada vez mayor), mientras que en Argentina, la ciclicidad fué completamente distinta.
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Lo que tales emergentes trataban de evitar mediante fondos anticíclicos fiscales (dicha relación entre el crecimiento relativo entre la tasa de inversión y la tasa de consumo) después de aplicar subas de tasas de referencia que tenían el efecto de bajar las tasas de largo plazo (que podían, de no ser "controladas" por o através de tales fondos, dirijirse al consumo en vez de a la inversión), fué impuesto forzosamente en la economía argentina por la política cambiaria del BCRA más la política impositiva.
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Mientras dichos emergentes, mediante dichas políticas, operaban en contra de una inflación de demanda (ciclicidad en dicho contexto) ante una deflación de costos impuesta por su régimen monetario, Argentina se encontró con una inflación de costos impuesta por el BCRA y su estructura de impuestos como punto de partida, ligada a una caída ex-ante de la tasa de inversión privada y a una aceleración ex-ante de la tasa de consumo privado, y enfrentó una ciclicidad completamente diferente (independiente de la inflación).
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Esta última ciclicidad, la Argentina, consistía en que a la caída estructural de la tasa de inversión respecto a la de consumo, debida en definitiva a una polìtica monetaria contractiva por parte del BCRA (como se explica aquí, y anverso genético de su objetivo cambiario), se sumara una una estabilización de aquélla última*.
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Puesto que la política del BCRA e impositiva crearon una inflación de costos simultánea a la devaluación nominal de la moneda, queda en evidencia que la protección no pudo proceder de tal devaluación nominal de la moneda.**
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Es evidente que la protección efectiva fué aportada por el gasto público y su ritmo de crecimiento. Al contribuir a crear un mercado de consumo creciente, para paliar la caída de la inversión impuesta por la contractiva política monetaria del BCRA (e impositiva), es evidente que la protección industrial (por ej.) fué completamente dependiente del gasto público (ver dos párrafos arriba).
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En la medida en que se hubiera desacelerado el ritmo de crecimiento del gasto público, dada la inflación de costos impuesta por el régimen antedicha, y las altas tasas asociadas, el sector industrial habría perdido competitividad respecto de competidores externos que, como en el caso de los emergentes antedichos, experimentaban bajísimas tasas de interés y además de un ritmo no menor de creación de mercado interno en sus economías. De modo que cabe preguntarse sobre si ante la desaceleración del crecimiento del gasto público, en tanto no consistiera simplemente en una estabilización de la posición del superávit basada en un aumento de tarifas (que habría sido como un impuesto al consumo, y sólo hubiera redistribuido el ingreso entre sectores, redistribución que tampoco era sostenible en el tiempo pues nunca un impuesto al consumo puede ser indefinidamente utilizado para solventar los graves inconvenientes de un BCRA-cambiario junto a nada menos que otros impuestos), el sector industrial no hubiera reclamado un dólar nominal más alto que el precedente. (Ya tan temprano como hacia la mitad del pasado lustro, digamos, y no sólo en la actualidad; cuestión esta que evidencia que la esencia del problema sigue intacta y que en el fondo es en parte la siguiente: las industrias que no habrían sobrevivido a una expansiva flotación cambiaria-impositiva, y sectores sociales y políticos asociados, son capaces de lograr un fácil consenso para una política que pone en riesgo el trabajo sostenible de todos los habitantes del país, la estabilidad política, etc.).
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De manera tal que el aumento del gasto público, no sólo no tuvo efecto alguno sobre los precios, sino que en realidad, oficiaba como en el equivalente de una protección efectiva. De modo que la política de BCRA protegió a la industria sólo y exclusivamente en la medida en que, permitiendo recaudación, aumentara el gasto público para crear mercado***.
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Esto lleva a preguntarse sobre si, dado que la flotación hubiera sido favorable a la industria, la protección llevada a cabo de esta intrincada manera (a diferencia de haberse acomodado la economía al ciclo externo que ya era protector de por sí) no habría favorecido a las industrias más ineficientes de todo el sector industrial (i.e: aquellas que la flotación con aumento de Tots y bajísimas tasas de interés de largo plazo, más el mercado interno asociado a estos elementos, no hubiera podido favorecer, a diferencia de otras actividades industriales...tal vez estas últimas, más concentradas en cuestión de capital, y sobre todo...con diferentes dotaciones de tecnologías...menos empleo dependientes????).
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Pues de ser así, se habría protegido el empleo y no la industria. Y por eso nos preguntábamos si estas políticas eran marxistas. Y de ser marxistas, cabe preguntarse porqué razón se hace un marxismo dependiente del ciclo económico mundial, y no un marxismo genuino, para todos las épocas y todos los tiempos. Y porqué un marxismo ciclo dependiente que, en el interín, destruye al nacionalismo económico durante, digamos, una nueva década.
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¹ Que incluye como un importante componente, aunque no sea el único, al Regímen Cambiario; y que debe incluir además, como se ha observado en Argentina, la estructura impositiva-elemento presente en la teoría de las Políticas de Estabilización, y su eventual ciclicidad.
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² El patrón cíclico toma su configuración de la interacción de algunos de los elementos de la economía, casi nunca los mismos necesariamente. Diferentes formas de organización de un proceso socio-económico, por diferentes decisiones políticas en un período, casi siempre dan patrones cíclicos a partir de diferentes conjuntos de elementos.
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³ Ya aquí, y para lo que sigue, huelga decir que los emergentes se movieron por sus flotaciones, en el contexto idéntico a políticas monetarias expansivas (aún cuando aumentaran sus tasas de referencia), ciento ochenta grados al contrario de Argentina.
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* La falta de familiaridad con la la relación que refiere el título de este texto o alguna otra extraña razón, al parecer, dejaron pasar por desapercibido el hecho de que para sostener un objetivo cambiario fijo en un mundo como el antedicho, el BCRA se involucró desde el principio y por todos estos años en los fundamentos para una política monetaria invariablemente contractiva. De modo que, como se ha señalado varias veces en Chespiritu, el récord histórico del nivel de aumento de Gasto Público, debe ponerse conceptualmente al lado de (posiblemente) una de las políticas monetarias más contractivas de la historia (en este caso, sólo para sostener un precio sectorial como la paridad cambiaria).
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**De estos puntos de vista, no se deduce ninguna conclusión general sobre una devaluación, etc. Como las que dicen: toda devaluación es...Todo lo que cabe señalar sobre la economía reciente es que la fijación cambiaria e impositiva, ANTE LA INVERSION DE LA CURVA MUNDIAL DE RENDIMIENTOS (fenómeno no de los más usuales, de ahí que cualquier generalización es gratuita) la no flotación cambiaria e impositiva era una política opuesta en todo a Keynes, potencialmente implosiva (por ello), en cierto sentido irresponsable y antinacionalista, etc.
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***Si el gasto público tuvo algún efecto multiplicador (ej. del consumo), queda demostrado que, aún cuando activara hacia arriba la inflación de costos subyacente, tranquilamente podría haber oficiado como el equivalente de (creando más mercado interno que de otro modo) un factor de aumento del tipo de cambio real industrial, aún cuando activara hacia arriba la inflación de costos. En última instancia, la activación hacia arriba de la inflación de costos, en la medida en que simultáneamente acelera la creación de mercado (demanda efectiva), queda rigurosamente sujeta a relaciones de descuento: dicha movimiento de precios y costos, si va acompañada de mayor mercado que de otro modo, recibe una relación de descuento a menores tasas implícitas de interés.
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Si el que paga en última instancia las tasas negativas de interés es el BCRA, entonces el aumento del gasto público realiza, vía la creación de mercado, tal descuento de las tasas percibidas por el sector industrial. Si el gasto público se hubiera congelado, la caída de la protección al sector industrial, al congelar el ritmo de liquidez interna, hubiera presionado hacia el dólar, tanto como hoy lo hace. La solvencia del BCRA dependía, mientras fijara el dólar a 3, de la posibilidad y realización del aumento del gasto público (ver *). Ello tanto antes, como ahora. Mas información, aquí.
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