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Dadas las singulares circunstancias de la economía mundial, la fiscalización del mercado cambiario (e impositiva) sin la fiscalización del mercado financiero (i.e: nacionalización de depósitos), condujo a dicha divergencia, con consecuencias socioeconómicas implosivas.
La alternativa a por la flotación cambiaria (liberación del mercado cambiario) e impositiva era, ante dichas circunstancias exteriores, una alternativa no implosiva (aunque hubiera cambiado el objetivo, o presunto objetivo central).
Sin fiscalización completa del mercado financiero, la liberación cambiaria-impositiva era la única opción no implosiva.
Con fiscalización financiera completa, la intervención cambiaria-impositiva podría haber dispuesto de un perfil mucho mas benigno en relación a la convergencia en cuanto al destino de la colocación del ahorro de la economía.
Esto plantea la cuestión de que el primer peronismo histórico habría sido mucho mas coherente con los objetivos que se planteó, que este último peronismo.
También, ilustra el hecho de que, en las circunstancias mundiales antedichas, la llamada estrategia de "tipo de cambio real competitivo" no tenía asidero alguno mientras no involucrara, como en el primer peronismo histórico, la fiscalización de la curva de rendimientos a la par de la fiscalización-intervención cambiaria-impositiva (i.e.: nacionalización de depósitos, estatización gradual del mercado financiero).
Se ve fácilmente que la fiscalización del mercado cambiario fue totalmente incompatible con un mercado financiero de libre concurrencia.
Por esto, el debate estatización-no estatización, resultó y resulta completamente absurdo al abandonar la cuestión principal: estatización del mercado financiero (curva de rendimientos), mientras no se liberara el mercado cambiario; y focalizándose delirantemente en la estatización de cualesquiera otros patrimonios privados (no financieros), mientras se interviene el mercado cambiario.
Si las condiciones políticas para una fiscalización completa del mercado financiero no eran viables, entonces la intervención cambiaria (tipo de cambio real competitivo) era catastrófica y se debió haber liberado el mercado cambiario (e impositivo). Pero nada de eso ocurrió.
Dada la intervención cambiaria (e impositiva) para dicho contexto internacional, la única opción antiinflacionaria viable era la estatización financiera, evitando la ciclicidad catastrófica emergente del juego de una intervención cambiaria y un mercado financiero de libre competencia, ante las condiciones internacionales que tuvieron lugar (el período del llamado desequilibrio de los Fundamentals mundiales antes de resolverse en la gigantesca crisis actual).
Dada la libre competencia financiera, y dichas condiciones internacionales, la política de sustitución de importaciones basada (ilusoriamente) en la intervención cambiaria (e impositiva), era completamente inviable a mediano plazo.
La orientación marxista o laborista, e incluso industrialista, de los objetivos de la política económica del último lustro, requería la completa fiscalización financiera, para ser mínimamente coherente.
De modo tal que se abandonó una opción con coherencia entre objetivos y políticas, la flotación y liberalización del mercado cambiario y otros, implementándose una de abrumadora incoherencia entre ambos; y durante la cual, la creciente intervención en diversos mercados (tanto como la creciente presión impositiva), fueron completamente evasivas de la cuestión principal y por tanto, estériles y dañiñas. Y así, la creciente intervención fue dañiña por eludir la cuestión capital y no per se.
Esto no equivale en modo alguno a una defensa de la intervención. A una defensa de la intervención per se. Toda defensa de políticas per se, cuando no recaen simplemente en el absurdo y su vehemencia, puede ser a lo sumo un mero criterio de orientación política génerica o general, es decir, algo completamente irrelevante a la hora de decidir la política en particular en momentos puntuales del curso puntual de la economía del sistema internacional. Simplemente equivale a una defensa de un mínimo de coherencia entre las partes de la politica: si se intervino el mercado cambiario, durante las mencionadas circunstancias exteriores puntuales, se debía intervenir completamente toda la economía (sobre todo financieramente); si esto último no era viable, se debía aceptar una flotación cambiaria y una liberación de los mercados principales.
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La ingeniería económico-social del primer peronismo histórico (aun cuando reveló ser de alto riesgo y costo a mediano plazo), fué sin embargo sobradamente mas coherente que la reciente; y en este contexto comparativo, lo mismo aplica a las pretendidas doctrinas industrialistas actuales, intervencionistas actuales, estatistas actuales, etc., cuya coherencia interna es nula en tanto omiten todo concepto en relación a la curva de rendimientos, cuestión fundamentalísima en cualquier economía moderna y por lo que debe analizarse y plantearse, por así decir, con prioridad absoluta a cualquier otra.
Sin una curva de rendimientos controlada (autocontrolada, ó por fiscalización, ó por intervención factible de un Banco Central según el régimen monetario fáctico), toda devaluación corre el riesgo de ser absurda (o llanamente una expropiación), toda estatización (de patrimonios privados no financieros) absurda y una dilapidación de la hacienda nacional en pos de los objetivos peor diseñados imaginables. El equivalente de recolectar los frutos alguna vez concebidos, y arrojarlos al fuego.
Toda discusión acalorada, fué y sera el preludio para recolectar tales frutos y arrojarlos una vez más al fuego. Sectores sociales como el agrario, han recibido el agravio procedente de la conflictividad irremediable que presento la elocuente contradiccion en el diseño de la politica.
Es completamente anómalo y perjudicial obligar cada vez mas a cada vez mayor cantidad de personas a empujar un automóvil que no tiene una sola gota de nafta; el automovil no arrancará, nunca irá en la dirección deseada. Esa dirección trunca ha sido a causa de las cuestiones del sistema financiero antedichas. El temprano diseño de la maquinaria ha sido mas artístico que de ingeniería, y el análisis posterior, ideológico y no técnico o cientítico.
Al General, con todos sus desatinos y errores, no se le habría pasado por alto el grueso error de diseño en la temprana devaluación-postdevaluación.
Las discusiones económicas y políticas observadas en el último lustro y las actuales parecen salidas de un vago onirismo, en el que la vehemencia de los comités, lobbys, el pueblo, etc. hace todas las veces de pre-juicio, lo que aplica además, para los autodenominados intelectuales de cualquier vertiente.
Todo esto, además, habla de la historia del partido justicialista, que al parecer, se habría alejado de las instancias de fuerte apuesta y riesgo en materia de transformación social, al costo de asumir posiciones intrínsecas harto incoherentes, que de ningún modo se observaron en el pensamiento del General Perón. Y por ende, llama la atención hacia la cuestión de qué clase de historiografía ha sido aquella del Peronismo para consigo mismo, en la que cuestiones medulares como la antes señalada, no recibieron mención alguna durante mas de 5 decádas..
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Al mismo tiempo, llama a mirar con desconcierto al planteo de la autodenominada izquierda que al parecer, tanto como el peronismo en vigencia, desconoce la coherencia interna de la (preconcebidamente riesgosa) tecnología del peronismo del General Perón.
E igualmente con extrañeza, al de la autodenominada derecha. De modo tal que, con una escuela como la del General en el haber, el país se encuentra con comités de adherentes a unas políticas de la derecha peronista (so called) que establece el ideario de un neo-industrialismo basado en la incoherente aplicación de una intervención del mercado cambiario sin intervención de la curva de rendimientos desde el principio (ideario defendido en términos de una imposible estrategia de tipo de cambio real competitivo), así como adherentes de una izquierda peronista, que pasando nuevamente por alto dicha lógica elemental (de un peronismo inicial que con tal de realizar transformaciones de magnitud, no reparaba en el riesgo político, social, etc.), descarga en sectores básicamente extraños, el costo que nace en el hecho de dejar en libertad la curva de rendimentos (sistema financiero), mientras se intenta (vanamente) realizar con éxito una intervención tal que permita el logro de ciertos objetivos.
De modo que esto lleva a preguntarse a qué podría haberse debido la degradación del riesgoso pero inteligente peronismo del General, escindiéndose en dos ramas tan conservadoras como intelectualmente fallidas, las denominadas derecha e izquierda peronista, que no casualmente adquirieron en esa lamentable conversión, dos adjetivos (derecha e izquierda) que eran incompatibles (por lo menos, en el anhelo) con el peronismo de Juan Domingo Perón.







