The Outer Spaces

5 de febrero de 2010

Ilusiones y Teorías

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Como señalábamos en otra ocasión, la no flotación del peso ante el sostenido aumento en el precio de un vasto conjunto de bienes en todo el mundo y, sobre todo, los consecuentes aumentos en las tasas de interés de muchas monedas, logrando la ininterrumpida depreciación del peso en términos de una canasta de monedas (y no sólo en términos de un conjunto de bienes), lograba ininterrumpidamente un aumento en las tasas reales de interés de largo plazo, mientras los agregados monetarios crecían a un ritmo como el de los mismos agregados, para el caso de la economía mundial.
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Con esto queríamos decir, un aumento en las tasas reales de interés de largo plazo junto a una reducción de las tasas reales de interés de corto plazo, simultáneos a una caída en la cantidad de crédito de largo plazo en términos reales y un aumento en la cantidad de crédito de corto plazo en términos reales.
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A tal situación, la llamábamos una política monetaria contractiva.
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Es evidente que una caída de la cantidad de crédito de largo plazo en términos reales, junto a un aumento (mucho) más que proporcional en la cantidad de crédito de corto plazo en términos reales, dentro de un contexto de crecimiento de agregados monetarios reales totales (de plazo medio cada vez más corto), no es precisamente sinónimo de politica monetaria contractiva.
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Sin embargo, la política del BCRA tuvo por consecuencia una política monetaria contractiva aún cuando los agregados monetarios reales totales crecían (i.e. según el ritmo internacional).
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Un régimen de fijación cambiaria, en tanto toma del resto de países el ritmo de crecimiento de agregados monetarios, no tiene contractividad o expansividad monetaria según si sus agregados decrecen o crecen.
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Dada la fijación cambiaria del BCRA durante dicho período muy particular (la denominación flotación administrada es sólo un nombre, cuando el valor está fijado dentro de ínfimas bandas durante años) y la consecuente asimilación interior del ritmo de crecimiento exterior de los agregados monetarios, la contractividad de la política monetaria estuvo ligada a la caída del plazo del crecimiento (exógeno) de los agregados monetarios reales.
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Como se explicaba en Martin K, una política monetaria puede ser contractiva aún cuando los agregados monetarios reales crecen (i.e. según cierto ritmo internacional), si sucede que las tasas reales de largo plazo están aumentando, aún cuando las de corto plazo estén bajando o se vuelvan negativas. Por ejemplo, cuando la cantidad de crédito de largo plazo en términos reales esté cayendo, aún cuando esto fuera en simultáneo a un aumento más que proporcional en la cantidad de crédito de corto plazo en términos reales (i.e. con tasas reales cada vez más negativas de corto plazo).
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Allí se observaba que en un tal caso, el riesgo de crear mercado (i.e. allí donde las tasas reales de corto plazo estén cayendo, por ejemplo en terreno negativo) iría en aumento. Es decir, iría en aumento aún cuando la cantidad de crédito de corto plazo en términos reales esté aumentando a un ritmo tan grande como para más que compensar la caída en la de largo plazo y dejar un crecimiento total de los agregados reales similar al exterior.
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De aquí se desprende que un crecimiento de agregados monetarios reales, por ejemplo al expansivo ritmo externo, puede ser contractivo (o ser ilíquido: cada vez más ilíquido).
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Esto es obvio si el sesgo monetario deja de medirse según la cantidad de dinero (Monetarismo), como el Monetarismo prescribe para regímenes de flexibilidad cambiaria, y se mide el sesgo según la liquidez endógena de los agregados o cantidad de dinero, como conviene hacer para fijaciones cambiarias.
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De aquí surgen varias cuestiones relacionadas.
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Por un lado, la inicial tónica estanflacionaria de la política de un BCRA que implica un crecimiento a ritmo externo de los agregados monetarios reales, mientras tal crecimiento es simultáneo a una caída ininterrumpida del plazo promedio en dichos agregados reales.
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Por otro, la inadecuación monetarista respecto de medir la expansividad según el comportamiento de la cantidad de dinero real (criterio que, por otro lado, aplica para flexibilidad cambiaria) y la de su corolario en términos de la trillada teoría de un aumento del superávit fiscal (o su aceleración) para corregir o acompañar un modelo que implica gran expansividad en los agregados monetarios (reales).
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También, surge la cuestión respecto de si el BCRA solía medir (o decía soler medir) el sesgo de la política monetaria según la evolución cuantitativa de los agregados monetarios, criterio monetarista insignificante como se dijo antes. Una tal medición (insignificante) a lo sumo sólo serviría para tener una idea* sobre el componente de precios (i.e: nominal) de la permanente tónica estanflacionaria, mientras que omite por definición toda cuestión de precios relativos (i.e. la contractividad endógena o iliquidez, de la política monetaria).
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Por último y como se decía antes, la creciente iliquidez (endógena) de una tal cualidad en el crecimiento cuantitativo de los agregados monetarios reales, siendo contractiva como se explicó antes, era incompatible con una disciplina fiscal unilateral (sin disciplina cambiaria). A la larga, ambos BCRA y Tesoro, eran de improbable (y socialmente disruptiva) sostenibilidad.
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*En el sentido de que, para una velocidad fija del crecimiento de dichos agregados reales, el comportamiento nominal (i.e. subniveles de precios) sería, en grado algo variable, inversamente proporcional al plazo medio de tales.


4 comentarios:

oti dijo...

Si con el régimen cambiario adoptado y sus consecuencias era absurdo pedir disciplina fiscal, por qué no se elogió nunca la congruencia entre la política fiscal adoptada y el sostenimiento de dicho régimen cambiario, ya que, dentro de éste, cualquier otra política fiscal hubiera sido absurda.

¿Esto no es lo que se desprende del análisis que planteás?

El Hombre de la Bolsa dijo...

Buena pregunta. Tal vez habría que escribir un par de libros para responderla satisfactoriamente.

Hay una cadena muy larga de cosas que no tienen explicacion, que entrarían en la respuesta.

Un nuevo gobierno despues de una fenomenal crisis economico-politica emerge, establece cualquier regimen cambiario, por ejemplo totalmente a contramano del de los paises vecinos latinoamericanos, y al cabo de un tiempo, se empieza a criticar a la Tesorería.

También, se instala la idea de un fondo anticíclico como el de los vecinos latinoamericanos, cuando estos tenian regimenes cambiarios totalmente a contramano del de Argentina, como si las cosas fueran "más o menos similares" (siendo absolutamente distintas en terminos economicos y politicos).

Es como si la imagen de los vecinos latinoamericanos, llegara truncada: solo llegando la conducta fiscal y quedando en el camino la conducta cambiaria.

Al parecer, se entiende que Argentina es un país con tendencia a la insolvencia fiscal, y se cree que esto se ha dado y se da, ante una absoluta solvencia cambiaria.

Pero la cuestion es que es muy común que ambas fracasen juntas.

Elogiar dicha congruencia, implica en cierto sentido reconocer la insolvencia cambiaria, o al menos el stress de la politica cambiaria (o ciertos costos de la misma).

¿Pero cómo va a reconocerse el stress de una política cambiaria cuando, siendo totalmente diversa de la de los vecinos, se la da por supuestamente igual a la de los mismos y cuando se desconocen los beneficios mismos de la de estos últimos?

oti dijo...

¿No será que en Argentina, históricamente, la política cambiaria tiene más consecuencias sociales que en los otros casos latinomericanos o que la sociedad es más sensible a la política cambiaria que en los otros casos? Y esto trae condicionamientos especiales?

El Hombre de la Bolsa dijo...

Después de una fenomenal crisis económico-política en el país, cierta dirigencia (la mitad o más, tal vez) conviene en alinear la moneda y la economía argentina, a la moneda más desequilibrada del mundo, a diferencia de lo que hicieron los vecinos latinoamericanos, que dejaban caer el valor de dicha desequilibrada moneda en sus propios países.

Ya habiéndose alineado el país, a la moneda más desequilibrada del mundo, al cabo de un tiempo se empieza a objetar el comportamiento de la Tesorería.

Y se le pide que ahorre al igual que las de los vecinos latinos, que se desataban de la moneda más desequilibrada del mundo.

Se le pide que ahorre como las Tesorerías de tales vecinos que se desataban de tal moneda, habiéndose establecido aquí tal moneda desequilibrada como la moneda de referencia, moneda que en Estados Unidos suponía por definición el desequilibrio fiscal interno (financiado por entonces gracias al ahorro y capital asiático).

Es decir, tomando como moneda de referencia una moneda muy desequilibrada, y con un desequilibrio fiscal inherente en su país (pero por entonces, financiable para ese país gracias a la economía de Oriente...), se le pide a la Tesorería argentina que se comporte como las de los vecinos latinos, que desatándose de dicha moneda, establecían posiciones fiscales cada vez menos desequilibradas.

Todo esto pondría eventualmente a la sociedad argentina, en una semejanza con la de Estados Unidos, ambas siendo incompatibles con el orden social; pero dado que la argentina se encuentra ahora en su n-ésima crisis cambiaria, habría que pensar que el desorden aquí es largamente menos comprendido que el de Estados Unidos (por ej.).

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