The Outer Spaces

21 de junio de 2009

Folks?

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Como se ha observado en Chespiritu de la Bolsa, la política de sustitución de importaciones del último lustro, ha adolecido de una falla capital, consistente en el hecho de que la colocación del ahorro de la economía no acompañó en lo mas mínimo los objetivos iniciales.
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Dadas las singulares circunstancias de la economía mundial, la fiscalización del mercado cambiario (e impositiva) sin la fiscalización del mercado financiero (i.e: nacionalización de depósitos), condujo a dicha divergencia, con consecuencias socioeconómicas implosivas.
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La alternativa a por la flotación cambiaria (liberación del mercado cambiario) e impositiva era, ante dichas circunstancias exteriores, una alternativa no implosiva (aunque hubiera cambiado el objetivo, o presunto objetivo central).
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Sin fiscalización completa del mercado financiero, la liberación cambiaria-impositiva era la única opción no implosiva.
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Con fiscalización financiera completa, la intervención cambiaria-impositiva podría haber dispuesto de un perfil mucho mas benigno en relación a la convergencia en cuanto al destino de la colocación del ahorro de la economía.
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Esto plantea la cuestión de que el primer peronismo histórico habría sido mucho mas coherente con los objetivos que se planteó, que este último peronismo.
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También, ilustra el hecho de que, en las circunstancias mundiales antedichas, la llamada estrategia de "tipo de cambio real competitivo" no tenía asidero alguno mientras no involucrara, como en el primer peronismo histórico, la fiscalización de la curva de rendimientos a la par de la fiscalización-intervención cambiaria-impositiva (i.e.: nacionalización de depósitos, estatización gradual del mercado financiero).
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Se ve fácilmente que la fiscalización del mercado cambiario fue totalmente incompatible con un mercado financiero de libre concurrencia.
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Por esto, el debate estatización-no estatización, resultó y resulta completamente absurdo al abandonar la cuestión principal: estatización del mercado financiero (curva de rendimientos), mientras no se liberara el mercado cambiario; y focalizándose delirantemente en la estatización de cualesquiera otros patrimonios privados (no financieros), mientras se interviene el mercado cambiario.
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Si las condiciones políticas para una fiscalización completa del mercado financiero no eran viables, entonces la intervención cambiaria (tipo de cambio real competitivo) era catastrófica y se debió hab
er liberado el mercado cambiario (e impositivo). Pero nada de eso ocurrió.
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Dada la intervención cambiaria (e impositiva) para dicho contexto internacional, la única opción antiinflacionaria viable era la estatización financiera, evitando la ciclicidad catastrófica emergente del juego de una intervención cambiaria y un mercado financiero de libre competencia, ante las condiciones internacionales que tuvieron lugar (el período del llamado desequilibrio de los
Fundamentals mundiales antes de resolverse en la gigantesca crisis actual).
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Dada la libre competencia financiera, y dichas condiciones internacionales, la política de sustitución de importaciones basada (ilusoriamente) en la intervención cambiaria (e impositiva), era completamente inviable a mediano plazo.
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La orientación marxista o laborista, e incluso industrialista, de los objetivos de la política económica del último lustro, requería la completa fiscalización financiera, para ser mínimamente coherente.
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De modo tal que se abandonó una opción con coherencia entre objetivos y políticas, la flotación y liberalización del mercado cambiario y otros, implementándose una de abrumadora incoherencia entre ambos; y durante la cual, la creciente intervención en diversos mercados (tanto como la creciente presión impositiva), fueron completamente evasivas de la cuestión principal y por tanto, estériles y dañiñas. Y así, la creciente intervención fue dañiña por eludir la cuestión capital y no per se.
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Esto no equivale en modo alguno a una defensa de la intervención. A una defensa de la intervención per se. Toda defensa de políticas per se, cuando no recaen simplemente en el absurdo y su vehemencia, puede ser a lo sumo un mero criterio de orientación política génerica o general, es decir, algo completamente irrelevante a la hora de decidir la política en particular en momentos puntuales del curso puntual de la economía del sistema internacional. Simplemente equivale a una defensa de un mínimo de coherencia entre las partes de la politica: si se intervino el mercado cambiario, durante las mencionadas circunstancias exteriores puntuales, se debía intervenir completamente toda la economía (sobre todo financieramente); si esto último no era viable, se debía aceptar una flotación cambiaria y una liberación de los mercados principales.
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La ingeniería económico-social del primer peronismo histórico (aun cuando reveló ser de alto riesgo y costo a mediano plazo), fué sin embargo sobradamente mas coherente que la reciente; y en este contexto comparativo, lo mismo aplica a las pretendidas doctrinas industrialistas actuales, intervencionistas actuales, estatistas actuales, etc., cuya coherencia interna es nula en tanto omiten todo concepto en relación a la curva de rendimientos, cuestión fundamentalísima en cualquier economía moderna y por lo que debe analizarse y plantearse, por así decir, con prioridad absoluta a cualquier otra.
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Sin una curva de rendimientos controlada (autocontrolada, ó por fiscalización, ó por intervención factible de un Banco Central según el régimen monetario fáctico), toda devaluación corre el riesgo de ser absurda (o llanamente una expropiación), toda estatización (de patrimonios privados no financieros) absurda y una dilapidación de la hacienda nacional en pos de los objetivos peor diseñados imaginables. El equivalente de recolectar los frutos alguna vez concebidos, y arrojarlos al fuego.
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Toda discusión acalorada, fué y sera el preludio para recolectar tales frutos y arrojarlos una vez más al fuego. Sectores sociales como el agrario, han recibido el agravio procedente de la conflictividad irremediable que presento la elocuente contradiccion en el diseño de la politica.
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Es completamente anómalo y perjudicial obligar cada vez mas a cada vez mayor cantidad de personas a empujar un automóvil que no tiene una sola gota de nafta; el automovil no arrancará, nunca irá en la dirección deseada. Esa dirección trunca ha sido a causa de las cuestiones del sistema financiero antedichas. El temprano diseño de la maquinaria ha sido mas artístico que de ingeniería, y el análisis posterior, ideológico y no técnico o cientítico.
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Al General, con todos sus desatinos y errores, no se le habría pasado por alto el grueso error de diseño en la temprana devaluación-postdevaluación.
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Las discusiones económicas y políticas observadas en el último lustro y las actuales parecen salidas de un vago onirismo, en el que la vehemencia de los comités, lobbys, el pueblo, etc. hace todas las veces de pre-juicio, lo que aplica además, para los autodenominados intelectuales de cualquier vertiente.
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Todo esto, además, habla de la historia del partido justicialista, que al parecer, se habría alejado de las instancias de fuerte apuesta y riesgo en materia de transformación social, al costo de asumir posiciones intrínsecas harto incoherentes, que de ningún modo se observaron en el pensamiento del General Perón. Y por ende, llama la atención hacia la cuestión de qué clase de historiografía ha sido aquella del Peronismo para consigo mismo, en la que cuestiones medulares como la antes señalada, no recibieron mención alguna durante mas de 5 decádas..
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Al mismo tiempo, llama a mirar con desconcierto al planteo de la autodenominada izquierda que al parecer, tanto como el peronismo en vigencia, desconoce la coherencia interna de la (preconcebidamente riesgosa) tecnología del peronismo del General Perón.
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E igualmente con extrañeza, al de la autodenominada derecha. De modo tal que, con una escuela como la del General en el haber, el país se encuentra con comités de adherentes a unas políticas de la derecha peronista (so called) que establece el ideario de un neo-industrialismo basado en la incoherente aplicación de una intervención del mercado cambiario sin intervención de la curva de rendimientos desde el principio (ideario defendido en términos de una imposible estrategia de tipo de cambio real competitivo), así como adherentes de una izquierda peronista, que pasando nuevamente por alto dicha lógica elemental (de un peronismo inicial que con tal de realizar transformaciones de magnitud, no reparaba en el riesgo político, social, etc.), descarga en sectores básicamente extraños, el costo que nace en el hecho de dejar en libertad la curva de rendimentos (sistema financiero), mientras se intenta (vanamente) realizar con éxito una intervención tal que permita el logro de ciertos objetivos.
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De modo que esto lleva a preguntarse a qué podría haberse debido la degradación del riesgoso pero inteligente peronismo del General, escindiéndose en dos ramas tan conservadoras como intelectualmente fallidas, las denominadas derecha e izquierda peronista, que no casualmente adquirieron en esa lamentable conversión, dos adjetivos (derecha e izquierda) que eran incompatibles (por lo menos, en el anhelo) con el peronismo de Juan Domingo Perón.
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7 comentarios:

oti dijo...

Tiendo a estar de acuerdo con lo que decís, aunque no sé si por los mismos motivos.

El General prefería lidiar con los problemas emergentes de haber transformado la sociedad (para lo cual tuvo que arriesgar todo y quemar las naves, asumir la incertidumbre).

Los líderes apuestan, sin saber lo que pueda llegar a pasar. Los políticos actuales administran con la certeza de lo ya conocido. No les gusta la incertidumbre, prefieren la certeza del fracaso que la apuesta incierta al éxito.

Muy interesante el análisis.

El Hombre de la Bolsa dijo...

Gracias por comentar, Oti. Aquí agrego algunas cuestiones relacionadas con
la imposibilidad de salir del fracaso que ud. menciona. Saludos.


El Partido Justicialista post-Perón, se mueve en un mundo pre-Perón, tanto como pre-Keynes.
En tal caso, devuelve la realidad politica de Argentina a su estadío pre-Perón, el mismo del
que el General trató de realizar (y realizó) una síntesis constructiva.

El Partido Justicialista post-Perón no puede poner en movimiento esa síntesis constructiva.
Por ende, no puede llevar la realidad política de Argentina mas alla del estadío pre-Perón,
no puede re-emplazar esa realidad en la esencia política de Perón.

No tiene los medios para re-emplazar a la Argentina en un Nacionalismo económico.

Esa deficiencia de medios, es mayormente voluntaria. El Partido en cuestión, rechaza los medios
para tal re-emplazamiento. (tal vez otro partido pueda?)

Esto mismo acontece en la discución política, o de Ciencia Política en Argentina. Esta, se
mueve en un estadío pre-Perón, del mismo modo en que la Economía teórica en Argentina se mueve
en un estadío pre-Keynes.

Estas dos situaciones quedan demostradas en lo siguiente:

Tanto la discusión política como la discusión económica (que en el fondo son lo mismo), han
des-integrado de su cuerpo conceptual y de razonamiento político-económico, el simplísimo elemento
(corazón del pensamiento de Keynes y, no casualmente, atajado por el General Perón) consistente en
la antiquísima relación entre los derroteros de la economía y el sistema financiero (que no es
sino un sistema de inter-mediacion del trabajo nacional). Elemento simplísimo y, harto
evidentemente, enorme determinante real.

Por todo esto, de Perón en adelante, la politica argentina ha consistido casi en su totalidad
en la destrucción del peronismo de Juan Domingo Perón, y en la continua reconstrucción del conflictivo
estadío pre-Perón (que en un importante sentido, es también pre-Keynes).

En el caso reciente, de entre dos alternativas que podrían ser justamente caracterizadas como
Nacionalismo economico, una la flotación cambiaria-impositiva aludida en el post, y otra la
intervención cambiaria-impositiva con fiscalizacion del sistema financiero, ambas de las cuales
habrían posibilitado un comportamiento no dañino del sistema financiero en relacion a la
inter-mediación del trabajo nacional, el Partido gobernante, por diversas razones, descartó a
ambas.

El Hombre de la Bolsa dijo...

Y en el mismo período, tanto el debate político como el económico, se internaron cada vez más
en un ocultamente condescendiente, o conservador, mundo pre-Keynes y pre-Perón.

El elemento pre-Keynes se vé en la catastrófica atrofia de un debate que no logra crecer hasta alcanzar
el punto elemental del destino del ahorro y trabajo, según o por el sistema financiero (en deter-
minadas condiciones concretas, exteriores por ejemplo), atrofia que impidió exponer de modo simple
las unicas dos alternativas para un Nacionalismo económico en la actualidad vigente, las dos antes
mencionadas; y que, naturalmente, condujo a un debate político (y una realidad política y económica)
totalmente antagónica a la perseguida por el General Perón, e idéntico al del período historico
pre-Perón.

Todo esto, llevado adelante por los exponentes de la dirigencia de un Partido que, sin embargo,
adopta como simbolismos formales los de un Peronismo original (tal vez, sólo en parte, voluntariamente
destruido), el de Juan Domingo Perón, del mismo modo que, aun con una macroeconomía inherentemente
pre-Keynes y pre-Perón, inestable por definición, se adopto la creencia en una macroeconomía sana.
(con argumentos siempre microeconómicos, micropolíticos; siempre al
margen del simple elemento que ata todos los cabos en una economía y país: el sistema financiero
y su relación con el mundo o los sistemas financieros exteriores)

Pero aquél extravío del debate y la politica, ha sido compartido por la mayoria de las lineas argumen-
tales, muchas de ellas por parte de otras representaciones políticas. Y al parecer, seguira produ-
ciendose gracias al cada vez mas profundo internamiento en un debate entre llamadas derechas e iz-
quierdas, cada vez mas lejos de la realidad.

Por lo que cabría esperar la continuidad de la desintegracion del Nacionalismo económico.

oti dijo...

La única institución que veo que le pueda dar "poder" al dinero para realizar ciertos propósitos en la economía real (aumento de la infraestructura básica, creación de ramas industriales, progreso técnico y científico) es el Estado Nación (que no existe, aunque está latente).

El dinero no debe, a mi juicio, responder a preceptos globales porque se convierte en un "lubricante" de un sistema monetario, donde el dinero es propiedad de agentes privados que le otorgan (arbitrariedad disfrazada de racionalidad) un "valor", y no de un sistema de crédito, donde el dinero es meramente el medio por el que el Estado Nacional transfiere crédito con el propósito de provocar ciertos cambios en la economía real (la racionalidad aquí no reside en la arbitrariedad -de una institución, como el gobierno del Estado, un Congreso Nacional, etc.- sino en el propósito mismo de la emisión de ese crédito).

Ej.: algunas ideas y procedimientos de Alexander Hamilton, Banco de reconstrucción alemán de posguerra, algunos procedimientos financieros de Roosvelt, algunos rasgos del financiamiento americano entre 1860 y 1875, la nacionalización de depósitos en los '40 y '50 en Argentina, etc.

Todos los casos en los que veo un cambio en la sociedad operado por una capitalización física, los veo asociados a métodos de crédito que no son los que corresponden a una supuesta racionalidad axiomática de los mercados de dinero privados con supuestos valores intrínsecos, ni tampoco a una intervención pública a modo de un agente privado más.

Pero una sociedad que no es capaz de generar la combinación política adecuada por medio del liderazgo que se necesita, no podrá diseñar y organizar las herramientas ("crédito" entendido no como habitualmente se lo entiende sino como surge del contexto de este comentario) indispensables para modificar su paisaje físico económico.

Esta carencia, en cierto sentido, se debe a una cuestión de voluntad, como surge de tu comentario, Bolson, pero no la voluntad ligada a tomar una medida determinada, sino la voluntad de capacitarse y ejercer el liderazgo con todos los riesgos que eso conlleva. Porque sin esto, ninguna medida de las que yo considero buenas (no por su calidad instrumental sino por sus fines) sucederá.

Creo que a los agentes privados que concentran el “máximo de arbitrariedad” (generalmente flias. o combinaciones de flias. que controlan bancos, instituciones financieras, carteles de materias primas, etc.) y de los que depende, en última instancia, el funcionamiento del sistema monetario mundial, les viene muy bien que en el “debate” político mundial (no solo en Argentina), esté totalmente ausente (tabú) la cuestión de la organización y procedimientos de un sistema de crédito nacional a los fines exclusivos de desarrollar la economía nacional, y que se acepten como evidentes los supuestos axiomáticos de los preceptos de la globalización financiera.

El Hombre de la Bolsa dijo...

Mientras en la economía internacional se gestaba la actual crisis, por medio de una asignacion del trabajo (a través de la libre intermediación financiera-crédito)en actividades estériles, Argentina hizo de esé giro implosivo, el cimiento de su economía reciente.

En ninguno de ambos casos, existió tal cosa como un Estado, que pusiera la asignación del trabajo por los sistemas financieros, en un cauce mínimamente constitucional y economicamente coherente.

Vea que los sistemas libres de crédito, tranquilamente pueden conducir el trabajo de la sociedad a las actividades mas antieconómicas que existen.

El Banco Central en Argentina, sostuvo el Dolar en un nivel fijo, mientras todos los Bancos Centrales aumentaron sus tasas de interés (para restringir la especulación)y, consecuencia de ello, el Dolar se devaluo contra todas las monedas.

De modo que Argentina devaluó su moneda de modo continuo, y aumentó (importándolas) sus tasas de interés. Lo cual constituyo un excelente cimiento para que un sistema financiero argentino de libre competencia, conduzca el trabajo argentino a actividades completamente estériles y autodestructivas.

Una manera simple en que algún Estado posible, en Argentina, hubiera tenido cierta soberanía sobre el destino del trabajo argentino, era la flotación cambiaria (e impositiva) al mismo tiempo en que aquellos dos movimientos externos, síntomas de la esterilidad del destino del trabajo en muchos países y preludio de la crisis actual, tenían lugar.

El sostenimiento del Dólar al nivel fijo, en semejante panorama de turbulencias externas (previas a la crisis), era algo tan radical que requería algo mucho más radical, como lo es la completa intervención del sistema crediticio argentino.

En tanto esto no fuera posible, tal sostenimiento era completamente estéril e iba a desatar eventualmente una anarquía económica.

Sin embargo esa decisión tuvo (y tiene!) infinidad de simpatizantes. Pero ninguno de ellos, hasta donde sé, reconoció su radicalidad y sus requisitos de control aún más radicales, para garantizar un mínimo de coherencia en la asignación del trabajo nacional.

Por todo esto, no cabe abrigar esperanzas sobre ninguno de los debates, o presuntos o hipoteticos debates, que tienen lugar hoy, o que tengan lugar mas adelante.

En el fondo, no hay debate alguno.

Y de todos los debates virtuales, el que menos esperanzas puede dar es aquél entre teorias económicas o entre economistas.

Es posible que, en algun sentido, los debates menos desvirtuados en economía, pudieran darse, siquiera aproximativamente, por personas con conocimientos en Historia, Letras, Etc.

Un saludo.

oti dijo...

Cuando vos decís: "lo cual constituyó un excelente cimiento para que un sistema financiero argentino de libre competencia, conduzca el trabajo argentino a actividades completamente estériles y autodestructivas", cuáles son y porqué esas actividades estériles y autodestructivas?

El Hombre de la Bolsa dijo...

Ésa pregunta conduce a un punto más que importante. Tal vez el más importante de todos.

No sería imposible señalar las causas y circunstancias de una tal esterilidad. Como, por ejemplo y entre otros, en el sentido de lo que se pierde.

Tal señalamiento, requiere un poco más de versatilidad que la que se encuentra en general, en la indolente adhesion a ciertos principios de las tradiciones en economía.

(Hubo defensores del imposible tipo de cambio real competitivo, que lo hicieron en términos de la existencia de "estudios" econometricos--extemporaneos a la situacion de Argentina!!!, asi como detractores que lo detractaron en términos muy similares en esencia).

Y más alla de eso, queda el punto más importante.

Aún cuando sería posible señalar en un lenguaje menos obtuso la realidad de lo que se pierde, también sería posible que muchas personas se pregunten: ¿y porqué es "eso" una pérdida?; ó tal vez, de modo implícito en la pregunta más breve: ¿y porqué?.

Este puede ser tal vez el más importante de todas las cuestiones. Podría reflejar el hecho de que los dos conceptos del sentido de Argentina, nunca entran en una sola cabeza.

De manera tal que, por así decir, una sola cabeza cualquiera desconoce completamente si ambos conceptos tienen o no tienen alguna intersección.

Imagine una burbuja de construcción de inmuebles, en que entran contratados miles de trabajadores, en esa y en ramas afines; una ampliacion de la construccion de inmuebles contratada por el propio sistema financiero (en última instancia, avalado por el Banco Central), no para un creciente mercado vendedor, sino para un creciente mercado de renta (alquiler).

En un caso así, varios miles de trabajarores, en conjunto con varios miles de bienes materiales que son el ahorro de otros trabajarores, entran en la producción-transformacion (material y social) que va a dar
como mayor oferta, una mayor oferta de alquiler de inmuebles, y nunca una mayor oferta de inmuebles, a los demas trabajarores del pais.

En tal caso, los segundos trabajadores, dejan de consumir-ahorran, es decir, transfieren poder de compra presente, y en vez de disponer de un sistema financiero que puede actuar de modo aproximadamente similar (invirtiento en la economia, de modo que a plazo ganarian su parte), y por aval del Banco Central y por el Alto Riesgo de la posicion del Banco Central, dispone de uno que en vez de invertir en la economia, utiliza ese ahorro para consumir (pues es lo único que puede hacer, con un riesgo razonable, dada la posicion del Banco Central y la internacional), en la economia, o sea, destruye el ahorro.

Lo convierte en consumo, justamente aquello de donde los trabajarores que ahorraban, trataban de salir para poder prosperar. Y convirtiendolo en consumo, queda una economia (con muchisimo trabajo), trabajando para producir bienes de consumo.

De modo que tarde o temprano, es autodestructiva porque cuando los bienes de capital comiencen a escacear a niveles intolerables, la economia tomara posiciones abruptas. Probablemente incontrolables.

No se si se comprende mas o menos.

Un saludo.

Textos Chespíritu