*En el sentido de que, para una velocidad fija del crecimiento de dichos agregados reales, el comportamiento nominal (i.e. subniveles de precios) sería, en grado algo variable, inversamente proporcional al plazo medio de tales.
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5 de febrero de 2010
Ilusiones y Teorías
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Como señalábamos en otra ocasión, la no flotación del peso ante el sostenido aumento en el precio de un vasto conjunto de bienes en todo el mundo y, sobre todo, los consecuentes aumentos en las tasas de interés de muchas monedas, logrando la ininterrumpida depreciación del peso en términos de una canasta de monedas (y no sólo en términos de un conjunto de bienes), lograba ininterrumpidamente un aumento en las tasas reales de interés de largo plazo, mientras los agregados monetarios crecían a un ritmo como el de los mismos agregados, para el caso de la economía mundial.
-Con esto queríamos decir, un aumento en las tasas reales de interés de largo plazo junto a una reducción de las tasas reales de interés de corto plazo, simultáneos a una caída en la cantidad de crédito de largo plazo en términos reales y un aumento en la cantidad de crédito de corto plazo en términos reales.
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A tal situación, la llamábamos una política monetaria contractiva.
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Es evidente que una caída de la cantidad de crédito de largo plazo en términos reales, junto a un aumento (mucho) más que proporcional en la cantidad de crédito de corto plazo en términos reales, dentro de un contexto de crecimiento de agregados monetarios reales totales (de plazo medio cada vez más corto), no es precisamente sinónimo de politica monetaria contractiva.
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Sin embargo, la política del BCRA tuvo por consecuencia una política monetaria contractiva aún cuando los agregados monetarios reales totales crecían (i.e. según el ritmo internacional).
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Un régimen de fijación cambiaria, en tanto toma del resto de países el ritmo de crecimiento de agregados monetarios, no tiene contractividad o expansividad monetaria según si sus agregados decrecen o crecen.
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Dada la fijación cambiaria del BCRA durante dicho período muy particular (la denominación flotación administrada es sólo un nombre, cuando el valor está fijado dentro de ínfimas bandas durante años) y la consecuente asimilación interior del ritmo de crecimiento exterior de los agregados monetarios, la contractividad de la política monetaria estuvo ligada a la caída del plazo del crecimiento (exógeno) de los agregados monetarios reales.
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Como se explicaba en Martin K, una política monetaria puede ser contractiva aún cuando los agregados monetarios reales crecen (i.e. según cierto ritmo internacional), si sucede que las tasas reales de largo plazo están aumentando, aún cuando las de corto plazo estén bajando o se vuelvan negativas. Por ejemplo, cuando la cantidad de crédito de largo plazo en términos reales esté cayendo, aún cuando esto fuera en simultáneo a un aumento más que proporcional en la cantidad de crédito de corto plazo en términos reales (i.e. con tasas reales cada vez más negativas de corto plazo).
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Allí se observaba que en un tal caso, el riesgo de crear mercado (i.e. allí donde las tasas reales de corto plazo estén cayendo, por ejemplo en terreno negativo) iría en aumento. Es decir, iría en aumento aún cuando la cantidad de crédito de corto plazo en términos reales esté aumentando a un ritmo tan grande como para más que compensar la caída en la de largo plazo y dejar un crecimiento total de los agregados reales similar al exterior.
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De aquí se desprende que un crecimiento de agregados monetarios reales, por ejemplo al expansivo ritmo externo, puede ser contractivo (o ser ilíquido: cada vez más ilíquido).
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Esto es obvio si el sesgo monetario deja de medirse según la cantidad de dinero (Monetarismo), como el Monetarismo prescribe para regímenes de flexibilidad cambiaria, y se mide el sesgo según la liquidez endógena de los agregados o cantidad de dinero, como conviene hacer para fijaciones cambiarias.
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De aquí surgen varias cuestiones relacionadas.
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Por un lado, la inicial tónica estanflacionaria de la política de un BCRA que implica un crecimiento a ritmo externo de los agregados monetarios reales, mientras tal crecimiento es simultáneo a una caída ininterrumpida del plazo promedio en dichos agregados reales.
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Por otro, la inadecuación monetarista respecto de medir la expansividad según el comportamiento de la cantidad de dinero real (criterio que, por otro lado, aplica para flexibilidad cambiaria) y la de su corolario en términos de la trillada teoría de un aumento del superávit fiscal (o su aceleración) para corregir o acompañar un modelo que implica gran expansividad en los agregados monetarios (reales).
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También, surge la cuestión respecto de si el BCRA solía medir (o decía soler medir) el sesgo de la política monetaria según la evolución cuantitativa de los agregados monetarios, criterio monetarista insignificante como se dijo antes. Una tal medición (insignificante) a lo sumo sólo serviría para tener una idea* sobre el componente de precios (i.e: nominal) de la permanente tónica estanflacionaria, mientras que omite por definición toda cuestión de precios relativos (i.e. la contractividad endógena o iliquidez, de la política monetaria).
-, o i
Por último y como se decía antes, la creciente iliquidez (endógena) de una tal cualidad en el crecimiento cuantitativo de los agregados monetarios reales, siendo contractiva como se explicó antes, era incompatible con una disciplina fiscal unilateral (sin disciplina cambiaria). A la larga, ambos BCRA y Tesoro, eran de improbable (y socialmente disruptiva) sostenibilidad.
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3 de febrero de 2010
Martín K.
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Continuando una vez más con la explicación de un tema inexplicablemente censurado, se puede explicar la naturaleza pro estanflación de la política llevada adelante por el BCRA desde, aproximadamente 2004 (estanflación subyacente en el crecimiento real con alta inflacion).
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Como se observó con anterioridad, la naturaleza de la política del BCRA sólo puede ser capturada mediante la observación simultánea de la totalidad del ciclo internacional en la misma época (en sus dos partes y no solamente observando el nivel de precios de los bienes commodities o su raíz, el de bonos mundiales).
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Sólo en tal caso se puede comprender la existencia de una naturaleza de doble filo en torno al BCRA.
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El componente cambiario de dicha política, era sectorialmente (microeconómicamente) expansivo, pero ya que dicho target condicionaba la política monetaria a ser contractiva*, era a la vez macroeconómicamente contractivo (la monetización contractiva simultánea a una microeconomía expansiva surge porque la macro-economía comprende e implica cadenas o formas de transmisión y, en este caso, dicha transmisión era desde una micro expansiva, casi inevitablemente por la otra mitad del ciclo exterior, hacia un aumento en las tasas reales de interés de largo plazo y unas de corto plazo cada vez menores).
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Es por ello que la teoría (monetarista) del crecimiento del gasto estatal, sin siquiera mencionar la existencia de alguna consecuencia de dicho target en dicho momentum del ciclo exterior (que nunca contempla), tampoco puede poner el crecimiento del gasto estatal conceptualmente al lado del crecimiento de las tasas reales de largo plazo y, entonces, difícilmente pueda capturar realmente las eventuales consecuencias económico-políticas de tal aumento en las mismas tasas y la caída del crédito de largo plazo en términos reales (que nunca contempla), ante una eventual política de superávit fiscal en aumento o en aceleración.
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De modo que la política del BCRA durante la inversión de la yield curve externa, siendo de doble filo: desvalorizando el peso en términos de una canasta de monedas y una canasta de commodities, y desvalorizando en términos relativos los activos internos de larga duración, iba a requerir volcar el aumento de los tots (vía gasto estatal), para paliar las consecuencias de esto último sobre el desempeño real de la economía.
.Aquellas dos primeras desvalorizaciones implican obviamente un aumento continuo en un subconjunto de la actividad real y tal vez, en ciertos (sub)niveles de precios afines, mientras que la desvalorización de los activos (aumento de las tasas reales de varios mercados con posiciones primarias de larga duración) implica simultáneamente un creciente riesgo de ir creando mercado aun allí donde los precios (o fundamentals) se están moviendo en sentido ascendente (y aún allí donde el crédito de corto plazo en términos reales esté aumentando). Es decir, dicha alza en las tasas reales, implicando una caída endógena en VANs, implica un creciente riesgo de crear mercado aun allí donde las VANs están moviéndose favorablemente por independientes (exógenos) motivos.
.De aquí, que se estableció una economía al estilo Karadajian. Un BCRA estanflacionario que requiere (imperceptiblemente mientras no se observe el ciclo foráneo) soporte del presupuesto estatal, mientras le proporciona los recursos del aumento de los tots y mientras le requiere la cobertura de un aumento del riesgo en el conjunto de mercados; posteriormente una crisis por presión impositiva, y así sucesivamente, hasta llegar a las reservas.
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Es decir, una política de un Banco Central que en sucesivos rounds, termina financiando con (o sin) reservas al mismo fisco al que imperceptiblemente desmonetizaba, mientras mantenía una política que hasta el día de hoy no ingresó en tela de análisis, y cuyas consecuencias acumuladas podrían ser, en buena hora, más o menos verosímilmente reconocidas a la hora de ver cuáles serán de ahora en más las anclas o targets (catastróficos o solventes) del sistema social.
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* La política monetaria (pm) es desde la antiguedad, en general (i.e. para contextos foráneos no estáticos), función de la pol. cambiaria (pc): pm=F(pc).
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17 de septiembre de 2009
Política monetaria contractiva III
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Continuando con la explicación de un tema inexplicablemente censurado, se puede explicar la diferencia entre las politicas seguidas por los emergentes en flotacion cambiaria y la de Argentina-BCRA.
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Si se comprende que la inversión de la curva mundial de rendimientos (en cuyo trasfondo operaban las políticas cambiarias y de capital de Asia), como alza de commodities industriales y no industriales (por alza del precio de bonos mundiales) y alza de tasas de interés de referencia, mantuvo aproximadamente la constancia de nivel de las tasas de interés de referencia en términos de dichos commodities, es decir, mantuvo constante el precio relativo del dinero de corto plazo en términos de dichos commodities, entonces se puede explicar la diferencia mencionada al principio.
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En el caso de los emergentes ya mencionados, conviene visualizar la relación entre tres elementos: el mercado cambiario, el mercado de tasas y el mercado de commodities, y la relación de estos tres elementos con aquél precio relativo internacional (o externo a los emergentes).
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Ante el aumento del precio de los commodities (y el de las tasas de ref), que entre otras cosas puede observarse como elemento de depreciación de las monedas domésticas (en términos de tales canastas de commodities), el alza de las tasas nominales de interés por sus Bancos Centrales, a la vez que aumentaba el valor del peso doméstico en términos de Dólares, aumentaba más que proporcionalmente el valor de las tasas de interés (domésticas) en términos de Dólares, con lo cual al aumento internacional en Dólares de la canasta de commodities le seguía por tal política, un aumento de las tasas de interés domésticas medidas en Dólares.
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De tal manera, dichos emergentes lograban que ante la constancia del precio relativo del dinero (de corto plazo) internacional en términos de una canasta de commodities, ante el inusual fenómeno de inversión de la curva mundial de rendimientos, en sus mercados domésticos se replicara la situación de ése mismo precio relativo.
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De manera que países como Brasil, mediante grandes aumentos en sus tasas nominales de referencia en Reales, que eran amplificadas en términos de dólares por el aumento simultáneo del valor del real en Dólares, mantuvieron dicho precio relativo (del dinero de corto plazo en términos de una canasta de commodities) constante en su país, tal como lo hacía el mundo en su conjunto.
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Es decir, no sólo aumentaban el valor de su moneda en términos del Dólar ante la caída del valor de su moneda en términos de los commodities en cuestión, sino que además, aumentaban aún en mayor proporción el valor doméstico del dinero de corto plazo.
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De manera que podría considerarse que en la adecuación de dicho precio relativo doméstico, al mismo correspondiente al mundo en su conjunto o promedio, este último precio relativo internacional funcionaba como un ancla para sus economías.
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Mediante el establecimiento de dicha ancla, tales países lograban que sus políticas cambiarias (i.e. flotacion) fueran análogas a políticas monetarias expansivas (por lo cual, en gran parte, constituian fondos fiscales excedentes o de reserva): la tasa promedio mundial de crecimiento de los agregados monetarios, se daría en esos países con una caída en las tasas reales de interés de largo plazo mediante y simultáneamente. Debida a la acotacion del riesgo que dicha ancla proporcionaba, para economias que no intentaban sustituir importaciones (durante un periodo de aumento en los llamados terminos de intercambio) sino al contrario.
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Todo esto contrasta fuertemente con la política seguida por el BCRA.
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El sostenimiento de un valor fijo para el peso en términos del Dólar, por ejemplo, imposibilitó el aumento de las tasas domesticas de interes de corto plazo en términos de Dólar ante la amplia expansión del precio de una canasta de commodities. Es decir, no sólo el peso no recuperaba el valor perdido en términos de commodities ante el aumento del precio de estos, sino que las tasas de interés domésticas de corto plazo no podían subir entonces por tal mecanismo, siendo esto último una cuestion de importancia macroeconómica o cíclica (a diferencia de la precedente).
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Así como aquellos emergentes debían lograr aumentar sus tasas de interés domésticas como prerrequisito para lograr una política monetaria expansiva (cuyos agregados monetarios crecerían según el promedio mundial), la politica de sustitución de importaciones de Argentina debía lograr aumentar esas mismas tasas para lograr la misma situación, pero el mantener un Dólar fijo, además de dar algo así como una pérdida de valor del peso en Dólares o commodities (cuestión irrelevante para la teoría del ciclo económico, o macroeconomía, la de un peso depreciado), imposibilitaba (ex-ante) su aumento y hacia caer (ex-post) las tasas de interés domésticas de corto plazo, cuestión trascendental para el ciclo económico referido.
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De manera que el sostenimiento de cierto valor del peso en términos del Dólar, durante los últimos años en particular y para un país pequeño como este, implicó una politica monetaria contractiva (ante la pérdida de tal ancla fundamental). Al contrario que en las apariencias, la fijacion respecto del Dólar, en tanto resultó en la pérdida de aquella ancla fué, para un país pequeño, como un régimen flexible (la devaluación del peso contra una canasta de monedas fué claramente observable, entre otras cosas; pero tal fué consecuencia de la flexibilización, en el sentido de pérdida creciente del ancla en el referido precio relativo mundial: sin media- reverting)
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Tal política puede referirse como un crecimiento (exógeno) de agregados monetarios, simultáneo a un constante riesgo de iliquidez (por la inflexibilidad al alza de las tasas de interés).
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El mismo fenómeno de iliquidez relacionado con la falta de monedas de cambio chico, que se debió a la inflexibilidad al alza de las tasas de interes de corto plazo por la politica del BCRA, ante una expansion exogena (mundial) de agregados monetarios (mientras los emergentes mantenian en paridad internacional el precio relativo del dinero fiduciario respecto de los commodities), y equivalente a decir que la tasa de interes del valor fiduciario de una moneda de 50 ctvs. cayo en terrminos del metal que la compone, y que genero un desvio del gasto hacia ciertos bienes superfluos para obtener monedas, se dio en toda la economia, encontrandose entre algunos de estos otros bienes, los inmuebles.
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15 de agosto de 2009
politica monetaria contractiva II
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El aumento de las tasas reales de interes de los plazos mas largos, opviamente se dió con un aumento en las tasas nominales de interes mediante (asi como en algunas depresiones el mismo aumento se da pues las tasas largas nominales bajan a menor ritmo que la caida de ciertos precios, tambien por el aumento del riesgo de base). Para las de corto plazo, el aumento en las tasas nominales fue siempre menor que la tasa de inflación, mientras que para las de largos plazos, el aumento de las tasas nominales fue siempre mayor que la tasa de inflación. Siendo este ultimo fenomeno, al aumento en las tasas reales de interes de mayores plazos, la consecuencia clásica de una politica monetaria contractiva (que aqui duro años).
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Tal vez el hecho de que la economia tuvo inflacion a la par que una politica monetaria contractiva, obscurecio el hecho de que si las tasas nominales largas aumentaban a mayor ritmo que los precios (o que algunos precios, lo que seria mas adecuado decir pues la contractividad implica la relacion de las tasas reales largas de interes en terminos de ciertos bienes y no todos, en general), ello implicaba un aumento en las tasas reales de interes largas, es decir la consecuencia simple de una politica contractiva.
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Al mismo tiempo, mientras las tasas reales largas de interes aumentaban, las tasas reales de interes cortas se hicieron negativas cada vez más, como aquellas más altas.
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En otro momento tal vez se intente explicar la relacion entre esta politica monetaria contractiva y la expansividad de la politica fiscal que tuvo lugar y que consistio basicamente en proteger el riesgo de iliquidez para la formacion de carteras crediticias, respecto del riesgo de la misma clase que el aumento en ciertos precios (causado por la politica monetaria contractiva o regimen monetario: BCRA y retenciones, estanflacionarios desde muy temprano: macroeconomicamente contractiva, en un contexto mundial-es decir microeconomico desde el punto de vista de Argentina, muy expansivo) habria tenido para el recupero de algunas carteras y por ende, su liquidez-iliquidez.
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Tal vez el hecho de que la economia tuvo inflacion a la par que una politica monetaria contractiva, obscurecio el hecho de que si las tasas nominales largas aumentaban a mayor ritmo que los precios (o que algunos precios, lo que seria mas adecuado decir pues la contractividad implica la relacion de las tasas reales largas de interes en terminos de ciertos bienes y no todos, en general), ello implicaba un aumento en las tasas reales de interes largas, es decir la consecuencia simple de una politica contractiva.
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Al mismo tiempo, mientras las tasas reales largas de interes aumentaban, las tasas reales de interes cortas se hicieron negativas cada vez más, como aquellas más altas.
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En otro momento tal vez se intente explicar la relacion entre esta politica monetaria contractiva y la expansividad de la politica fiscal que tuvo lugar y que consistio basicamente en proteger el riesgo de iliquidez para la formacion de carteras crediticias, respecto del riesgo de la misma clase que el aumento en ciertos precios (causado por la politica monetaria contractiva o regimen monetario: BCRA y retenciones, estanflacionarios desde muy temprano: macroeconomicamente contractiva, en un contexto mundial-es decir microeconomico desde el punto de vista de Argentina, muy expansivo) habria tenido para el recupero de algunas carteras y por ende, su liquidez-iliquidez.
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Siendo la posicion del BCRA y las retenciones, estanflacionarias desde el principio (inflacion sin crecimiento), la politica fiscal convirtió hasta que pudo, una estanflacion en una inflacion con crecimiento. En otro momento tal vez se explique cómo la politica fiscal expansiva permitio la solvencia de aquella posicion que, sin tal politica fiscal, hubiera llevado la estanflacion que le era inherente desde el inicio, cuando no hacia una inflacion con crecimiento, posiblemente a una nueva devaluacion ya desde temprano (y a un proceso como este, sin solucion de continuidad).
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13 de agosto de 2009
Política monetaria contractiva
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La no flotación y las retenciones dieron una política monetaria contractiva durante años.
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Cuando las principales monedas abrieron diferenciales positivos de tasas de interés de referencia contra las tasas del dólar, el dólar se devaluó contra todas esas monedas.
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El mercado de dinero de Argentina quedó desde entonces sujeto a un creciento riesgo de base.
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Es decir, las tasas de interés del mercado de dinero argentino, fueron reduciéndose continuamente en términos de todas las monedas diferentes del dólar (contra las que el peso se devaluó continuamente).
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Esto condujo a las tasas reales negativas de interés de corto plazo.
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Cuando las tasas de interés de corto plazo pierden valor en términos de una canasta de monedas, la consecuencia es que aumenta el riesgo de base, riesgo de prestar a plazos más largos, en los cuales la pérdida de valor de la tasa de interés aplicable tendría consecuencias más profundas en el manejo de una cartera (que debe atender cuestiones de liquidez, etc.).
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Por lo cual aquella devaluación contra la canasta de monedas, que restaba valor a las tasas de interés de corto plazo en los mercados crediticios, haciéndolas mas bajas en términos de tales monedas de modo ex-post (o ya implicitamente menores vía algunos mercados de futuros), constituyó una política monetaria altamente contractiva.
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Bajando valor a las tasas de interes de corto plazo en términos de dicha canasta, tal política creo las bases para una caída del plazo de la cartera del sistema, y un aumento de las tasas reales de interés de los plazos de mayor duración remanentes.
-Es decir, una política monetaria contractiva, que duró muchos años.
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Esta fué una piedra angular de llamado modelo productivo. La otra, fue la expansiva política fiscal.
Es decir, tal modelo consistio en una política monetaria altamente contractiva durante un período de gran bonanza exterior, junto a una política fiscal ampliamente expansiva.
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Precisamente a la inversa que los emergentes, que aplicaron políticas monetarias expansivas junto a fiscales contractivas.
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La combinación de políticas monetaria y fiscal del modelo argentino, sin embargo, era a diferencia de la de los emergentes flotantes, ampliamente implosiva, pues la expansividad de la política fiscal para compensar la contractividad de la monetaria (consistiendo aquella en una inversióon del aumento de los términos de intercambio) no solo dependía de buenas condiciones externas para compensar un comportamiento del sistema financiero argentino que, por aversión al riesgo sistémico creado por la contractividad de la politica monetaria llevada adelante por el BCRA operóo en la forma divergente en que lo hizo, sino que por esto último, debió ser cada vez mayor, en la medida en que dicho comportamiento financiero local a lo largo del tiempo fue crecientemente divergente (por averso al riesgo sistémico) con los mínimos objetivos de la política económica.
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En cambio, para los emergentes flotantes no existió tal divergencia, sino que, sus sistemas financieros operaron de manera convergente con los objetivos de la política económica general y de esa forma no se abrió ninguna brecha creciente entre sus politicas fiscales y monetarias.
De manera que de ambas clases de macroeconomias, una fue socialmente sana y otra no. Y en la actualidad, la votación a por el manejo de las retenciones no es otra cosa que la votación a por el manejo de una políitica fiscal mas o menos expansiva, cuando posiblemente la politica monetaria sigue siendo, como hasta ahora y por decisión políitica (aunque con gran conflictividad socio-política), contractiva.
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9 de agosto de 2009
Dependencia entre Regímenes y la Teoría de las Políticas de Estabilización
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La Teoría de las Políticas de Estabilización (a veces considerada teoría macroeconómica, con o sin justicia), ha seguido la muy desafortunada situación de la separación, o el aislamiento, del análisis de los Regímenes Monetarios¹.
La Teoría de las Políticas de Estabilización (a veces considerada teoría macroeconómica, con o sin justicia), ha seguido la muy desafortunada situación de la separación, o el aislamiento, del análisis de los Regímenes Monetarios¹.
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Como su nombre permite entender, las (muy diversas) políticas de estabilización tienen su sentido en relación al ciclo económico; de ahí que lo que hacen, es estabilizar el proceso socio-económico cuando éste sigue alguna clase² de patrón cíclico.
Como su nombre permite entender, las (muy diversas) políticas de estabilización tienen su sentido en relación al ciclo económico; de ahí que lo que hacen, es estabilizar el proceso socio-económico cuando éste sigue alguna clase² de patrón cíclico.
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El hecho de la constitución de fondos fiscales anticíclicos en las economías que en los últimos años siguieron regímenes de flotación-metas de inflación, fué compatible con los amplios aumentos del gasto público en Argentina, economía que siguió por el contrario, un regimen discrecional.
El hecho de la constitución de fondos fiscales anticíclicos en las economías que en los últimos años siguieron regímenes de flotación-metas de inflación, fué compatible con los amplios aumentos del gasto público en Argentina, economía que siguió por el contrario, un regimen discrecional.
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Eso porque durante los años de la inversión de la curva mundial de rendimientos, ambas clases de regímenes (el discrecional de Argentina y el flotador de los emergentes) se encontraron sujetos a situaciones, practicamente hablando, imposibles de comparar respecto de la ciclicidad en su proceso socio-económico.
Eso porque durante los años de la inversión de la curva mundial de rendimientos, ambas clases de regímenes (el discrecional de Argentina y el flotador de los emergentes) se encontraron sujetos a situaciones, practicamente hablando, imposibles de comparar respecto de la ciclicidad en su proceso socio-económico.
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De manera que, la interpretación del aumento del gasto público de Argentina, a la luz del comportamiento fiscal de economías emergentes en las que la constitución de fondos fiscales anticíclicos convivió con un régimen de moneda internacionalmente estandard (la flotación), es una interpretación que hace de cuenta que en Argentina se hubiera establecido una flotación, y hubiera estado sujeta a la misma ciclicidad inherente a tal, en vez de haber estado moviéndose a partir de un régimen discrecional, prácticamente antagónico a dichas flotaciones³ (y con una ciclicidad completamente distinta).
De manera que, la interpretación del aumento del gasto público de Argentina, a la luz del comportamiento fiscal de economías emergentes en las que la constitución de fondos fiscales anticíclicos convivió con un régimen de moneda internacionalmente estandard (la flotación), es una interpretación que hace de cuenta que en Argentina se hubiera establecido una flotación, y hubiera estado sujeta a la misma ciclicidad inherente a tal, en vez de haber estado moviéndose a partir de un régimen discrecional, prácticamente antagónico a dichas flotaciones³ (y con una ciclicidad completamente distinta).
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Como se decía al principio, la separación de la teoría de las políticas de estabilización y la de los Regímenes Monetarios, es muy desafortunada.
Como se decía al principio, la separación de la teoría de las políticas de estabilización y la de los Regímenes Monetarios, es muy desafortunada.
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Permitiento, por ejemplo, olvidar completamente las drásticas consecuencias de no dejar flotar la moneda (y en Argentina, ciertos impuestos) durante un período particular de la economía mundial, es decir, las consecuencias de colocar a un país en un régimen discrecional (cambiario-impositivo) en tal momento puntual, y confundir el eventual o subyacente patrón cíclico de ambos casos, para después establecer una identidad entre el momentum de sus posiciones fiscales (o parte de ellas).
Permitiento, por ejemplo, olvidar completamente las drásticas consecuencias de no dejar flotar la moneda (y en Argentina, ciertos impuestos) durante un período particular de la economía mundial, es decir, las consecuencias de colocar a un país en un régimen discrecional (cambiario-impositivo) en tal momento puntual, y confundir el eventual o subyacente patrón cíclico de ambos casos, para después establecer una identidad entre el momentum de sus posiciones fiscales (o parte de ellas).
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Y permitiendo así, que el debate quede centrado en la aparente discordancia entre el momentum de las posiciones fiscales, en vez de dirigirlo a la esclarecedora y simple cuestión de la existencia (y consecuencias) de regímenes monetarios (incluyendo lo impositivo) totalmente alejados entre sí.
Y permitiendo así, que el debate quede centrado en la aparente discordancia entre el momentum de las posiciones fiscales, en vez de dirigirlo a la esclarecedora y simple cuestión de la existencia (y consecuencias) de regímenes monetarios (incluyendo lo impositivo) totalmente alejados entre sí.
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Aún cuando pudiera parecer irreal tratar de señalar el ciclo socio-económico desatado por la obstinación política en posicionarse en un régimen discrecional, y apuntar a una flotación monetaria como salida elemental, aún así la identificación de ambas macroeconomías como si fueran iguales, y la subsiguiente aplicación de una especie de única Teoría de Estabilización para ambos casos por igual, no hace otra cosa que confundir más todavía la simple dinámica real de las cosas.
Aún cuando pudiera parecer irreal tratar de señalar el ciclo socio-económico desatado por la obstinación política en posicionarse en un régimen discrecional, y apuntar a una flotación monetaria como salida elemental, aún así la identificación de ambas macroeconomías como si fueran iguales, y la subsiguiente aplicación de una especie de única Teoría de Estabilización para ambos casos por igual, no hace otra cosa que confundir más todavía la simple dinámica real de las cosas.
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En la Argentina reciente (sin flotación cambiaria ni impositiva), a diferencia de los emergentes con flotaciones y mercados libres, hubo dos patrones cíclicos contrapuestos simultáneos o bien, un patrón cíclico engendrado por el Banco Central más la política impositiva, sumado a y parcialmente a causa de un mundo que simultáneamente, aplica políticas de estabilización (de tasas de referencia) durante un momento (anclado en las políticas cambiarias de países de Asia) altamente expansivo.
En la Argentina reciente (sin flotación cambiaria ni impositiva), a diferencia de los emergentes con flotaciones y mercados libres, hubo dos patrones cíclicos contrapuestos simultáneos o bien, un patrón cíclico engendrado por el Banco Central más la política impositiva, sumado a y parcialmente a causa de un mundo que simultáneamente, aplica políticas de estabilización (de tasas de referencia) durante un momento (anclado en las políticas cambiarias de países de Asia) altamente expansivo.
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Dichos emergentes, recibían mejoras en sus Tots y bajas en sus tasas de interés de largo plazo (Investment Grades, por ej.) simultáneamente al aumento de sus tasas de interés de referencia domésticas y la constitución de fondos fiscales anticíclicos (totalmente justificados en ése mercado-invertido, que ofrece bajísimas rendimientos a plazo y altisimos Tots y que le ofrece esos dos elementos a pesar de y gracias a esas dos políticas), mientras que Argentina recibía de su política cambiaria e impositiva, altas tasas de interés (con catastróficas consecuencias de sustituir inversión por consumo) y altos Tots, parte de los cuales (via su política impositiva) eran destinados a paliar las consecuencias de dichas altas tasas de interés, a través del aumento del gasto público, que sólo pudo oponer a la catastrófica caída natural de la inversión privada, una expansión del consumo, que nunca corrió el riesgo de ser hiperinflacionaria, pero que fué cada vez más inflacionaria en tanto requirió la continuidad de un régimen cambiario-impositivo que, asfixia financiera paulatina mediante, dejara correr la inflación de costos que padeció la economía, imposible de revertir sin cambiar el régimen (y sin embargo, el llamado tipo de cambio real se habría mantenido siempre aproximadamente constante, a pesar de lo cual, la economía fué desestabilizándose por asfixia financiera, privada en primer lugar, y sólo más tarde fiscal).
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Dichos emergentes, recibían mejoras en sus Tots y bajas en sus tasas de interés de largo plazo (Investment Grades, por ej.) simultáneamente al aumento de sus tasas de interés de referencia domésticas y la constitución de fondos fiscales anticíclicos (totalmente justificados en ése mercado-invertido, que ofrece bajísimas rendimientos a plazo y altisimos Tots y que le ofrece esos dos elementos a pesar de y gracias a esas dos políticas), mientras que Argentina recibía de su política cambiaria e impositiva, altas tasas de interés (con catastróficas consecuencias de sustituir inversión por consumo) y altos Tots, parte de los cuales (via su política impositiva) eran destinados a paliar las consecuencias de dichas altas tasas de interés, a través del aumento del gasto público, que sólo pudo oponer a la catastrófica caída natural de la inversión privada, una expansión del consumo, que nunca corrió el riesgo de ser hiperinflacionaria, pero que fué cada vez más inflacionaria en tanto requirió la continuidad de un régimen cambiario-impositivo que, asfixia financiera paulatina mediante, dejara correr la inflación de costos que padeció la economía, imposible de revertir sin cambiar el régimen (y sin embargo, el llamado tipo de cambio real se habría mantenido siempre aproximadamente constante, a pesar de lo cual, la economía fué desestabilizándose por asfixia financiera, privada en primer lugar, y sólo más tarde fiscal).
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De aquí puede observarse que la ciclicidad potencial en dichos emergentes, que era atajada por los fondos anticíclicos fiscales, consistía en la eventual estabilización del crecimiento de la tasa de inversión relativa a la propia del consumo (y que gracias a dichos fondos anticíclicos, que tendían a abatir la tasa relativa de crecimiento del consumo, pudo ser cada vez mayor), mientras que en Argentina, la ciclicidad fué completamente distinta.
De aquí puede observarse que la ciclicidad potencial en dichos emergentes, que era atajada por los fondos anticíclicos fiscales, consistía en la eventual estabilización del crecimiento de la tasa de inversión relativa a la propia del consumo (y que gracias a dichos fondos anticíclicos, que tendían a abatir la tasa relativa de crecimiento del consumo, pudo ser cada vez mayor), mientras que en Argentina, la ciclicidad fué completamente distinta.
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Lo que tales emergentes trataban de evitar mediante fondos anticíclicos fiscales (dicha relación entre el crecimiento relativo entre la tasa de inversión y la tasa de consumo) después de aplicar subas de tasas de referencia que tenían el efecto de bajar las tasas de largo plazo (que podían, de no ser "controladas" por o através de tales fondos, dirijirse al consumo en vez de a la inversión), fué impuesto forzosamente en la economía argentina por la política cambiaria del BCRA más la política impositiva.
Lo que tales emergentes trataban de evitar mediante fondos anticíclicos fiscales (dicha relación entre el crecimiento relativo entre la tasa de inversión y la tasa de consumo) después de aplicar subas de tasas de referencia que tenían el efecto de bajar las tasas de largo plazo (que podían, de no ser "controladas" por o através de tales fondos, dirijirse al consumo en vez de a la inversión), fué impuesto forzosamente en la economía argentina por la política cambiaria del BCRA más la política impositiva.
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Mientras dichos emergentes, mediante dichas políticas, operaban en contra de una inflación de demanda (ciclicidad en dicho contexto) ante una deflación de costos impuesta por su régimen monetario, Argentina se encontró con una inflación de costos impuesta por el BCRA y su estructura de impuestos como punto de partida, ligada a una caída ex-ante de la tasa de inversión privada y a una aceleración ex-ante de la tasa de consumo privado, y enfrentó una ciclicidad completamente diferente (independiente de la inflación).
Mientras dichos emergentes, mediante dichas políticas, operaban en contra de una inflación de demanda (ciclicidad en dicho contexto) ante una deflación de costos impuesta por su régimen monetario, Argentina se encontró con una inflación de costos impuesta por el BCRA y su estructura de impuestos como punto de partida, ligada a una caída ex-ante de la tasa de inversión privada y a una aceleración ex-ante de la tasa de consumo privado, y enfrentó una ciclicidad completamente diferente (independiente de la inflación).
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Esta última ciclicidad, la Argentina, consistía en que a la caída estructural de la tasa de inversión respecto a la de consumo, debida en definitiva a una polìtica monetaria contractiva por parte del BCRA (como se explica aquí, y anverso genético de su objetivo cambiario), se sumara una una estabilización de aquélla última*.
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Puesto que la política del BCRA e impositiva crearon una inflación de costos simultánea a la devaluación nominal de la moneda, queda en evidencia que la protección no pudo proceder de tal devaluación nominal de la moneda.**
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Es evidente que la protección efectiva fué aportada por el gasto público y su ritmo de crecimiento. Al contribuir a crear un mercado de consumo creciente, para paliar la caída de la inversión impuesta por la contractiva política monetaria del BCRA (e impositiva), es evidente que la protección industrial (por ej.) fué completamente dependiente del gasto público (ver dos párrafos arriba).
Esta última ciclicidad, la Argentina, consistía en que a la caída estructural de la tasa de inversión respecto a la de consumo, debida en definitiva a una polìtica monetaria contractiva por parte del BCRA (como se explica aquí, y anverso genético de su objetivo cambiario), se sumara una una estabilización de aquélla última*.
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Puesto que la política del BCRA e impositiva crearon una inflación de costos simultánea a la devaluación nominal de la moneda, queda en evidencia que la protección no pudo proceder de tal devaluación nominal de la moneda.**
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Es evidente que la protección efectiva fué aportada por el gasto público y su ritmo de crecimiento. Al contribuir a crear un mercado de consumo creciente, para paliar la caída de la inversión impuesta por la contractiva política monetaria del BCRA (e impositiva), es evidente que la protección industrial (por ej.) fué completamente dependiente del gasto público (ver dos párrafos arriba).
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En la medida en que se hubiera desacelerado el ritmo de crecimiento del gasto público, dada la inflación de costos impuesta por el régimen antedicha, y las altas tasas asociadas, el sector industrial habría perdido competitividad respecto de competidores externos que, como en el caso de los emergentes antedichos, experimentaban bajísimas tasas de interés y además de un ritmo no menor de creación de mercado interno en sus economías. De modo que cabe preguntarse sobre si ante la desaceleración del crecimiento del gasto público, en tanto no consistiera simplemente en una estabilización de la posición del superávit basada en un aumento de tarifas (que habría sido como un impuesto al consumo, y sólo hubiera redistribuido el ingreso entre sectores, redistribución que tampoco era sostenible en el tiempo pues nunca un impuesto al consumo puede ser indefinidamente utilizado para solventar los graves inconvenientes de un BCRA-cambiario junto a nada menos que otros impuestos), el sector industrial no hubiera reclamado un dólar nominal más alto que el precedente. (Ya tan temprano como hacia la mitad del pasado lustro, digamos, y no sólo en la actualidad; cuestión esta que evidencia que la esencia del problema sigue intacta y que en el fondo es en parte la siguiente: las industrias que no habrían sobrevivido a una expansiva flotación cambiaria-impositiva, y sectores sociales y políticos asociados, son capaces de lograr un fácil consenso para una política que pone en riesgo el trabajo sostenible de todos los habitantes del país, la estabilidad política, etc.).
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En la medida en que se hubiera desacelerado el ritmo de crecimiento del gasto público, dada la inflación de costos impuesta por el régimen antedicha, y las altas tasas asociadas, el sector industrial habría perdido competitividad respecto de competidores externos que, como en el caso de los emergentes antedichos, experimentaban bajísimas tasas de interés y además de un ritmo no menor de creación de mercado interno en sus economías. De modo que cabe preguntarse sobre si ante la desaceleración del crecimiento del gasto público, en tanto no consistiera simplemente en una estabilización de la posición del superávit basada en un aumento de tarifas (que habría sido como un impuesto al consumo, y sólo hubiera redistribuido el ingreso entre sectores, redistribución que tampoco era sostenible en el tiempo pues nunca un impuesto al consumo puede ser indefinidamente utilizado para solventar los graves inconvenientes de un BCRA-cambiario junto a nada menos que otros impuestos), el sector industrial no hubiera reclamado un dólar nominal más alto que el precedente. (Ya tan temprano como hacia la mitad del pasado lustro, digamos, y no sólo en la actualidad; cuestión esta que evidencia que la esencia del problema sigue intacta y que en el fondo es en parte la siguiente: las industrias que no habrían sobrevivido a una expansiva flotación cambiaria-impositiva, y sectores sociales y políticos asociados, son capaces de lograr un fácil consenso para una política que pone en riesgo el trabajo sostenible de todos los habitantes del país, la estabilidad política, etc.).
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De manera tal que el aumento del gasto público, no sólo no tuvo efecto alguno sobre los precios, sino que en realidad, oficiaba como en el equivalente de una protección efectiva. De modo que la política de BCRA protegió a la industria sólo y exclusivamente en la medida en que, permitiendo recaudación, aumentara el gasto público para crear mercado***. --
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De manera tal que el aumento del gasto público, no sólo no tuvo efecto alguno sobre los precios, sino que en realidad, oficiaba como en el equivalente de una protección efectiva. De modo que la política de BCRA protegió a la industria sólo y exclusivamente en la medida en que, permitiendo recaudación, aumentara el gasto público para crear mercado***. --
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Esto lleva a preguntarse sobre si, dado que la flotación hubiera sido favorable a la industria, la protección llevada a cabo de esta intrincada manera (a diferencia de haberse acomodado la economía al ciclo externo que ya era protector de por sí) no habría favorecido a las industrias más ineficientes de todo el sector industrial (i.e: aquellas que la flotación con aumento de Tots y bajísimas tasas de interés de largo plazo, más el mercado interno asociado a estos elementos, no hubiera podido favorecer, a diferencia de otras actividades industriales...tal vez estas últimas, más concentradas en cuestión de capital, y sobre todo...con diferentes dotaciones de tecnologías...menos empleo dependientes????).
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Pues de ser así, se habría protegido el empleo y no la industria. Y por eso nos preguntábamos si estas políticas eran marxistas. Y de ser marxistas, cabe preguntarse porqué razón se hace un marxismo dependiente del ciclo económico mundial, y no un marxismo genuino, para todos las épocas y todos los tiempos. Y porqué un marxismo ciclo dependiente que, en el interín, destruye al nacionalismo económico durante, digamos, una nueva década.
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¹ Que incluye como un importante componente, aunque no sea el único, al Regímen Cambiario; y que debe incluir además, como se ha observado en Argentina, la estructura impositiva-elemento presente en la teoría de las Políticas de Estabilización, y su eventual ciclicidad.
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¹ Que incluye como un importante componente, aunque no sea el único, al Regímen Cambiario; y que debe incluir además, como se ha observado en Argentina, la estructura impositiva-elemento presente en la teoría de las Políticas de Estabilización, y su eventual ciclicidad.
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² El patrón cíclico toma su configuración de la interacción de algunos de los elementos de la economía, casi nunca los mismos necesariamente. Diferentes formas de organización de un proceso socio-económico, por diferentes decisiones políticas en un período, casi siempre dan patrones cíclicos a partir de diferentes conjuntos de elementos.
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³ Ya aquí, y para lo que sigue, huelga decir que los emergentes se movieron por sus flotaciones, en el contexto idéntico a políticas monetarias expansivas (aún cuando aumentaran sus tasas de referencia), ciento ochenta grados al contrario de Argentina.
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* La falta de familiaridad con la la relación que refiere el título de este texto o alguna otra extraña razón, al parecer, dejaron pasar por desapercibido el hecho de que para sostener un objetivo cambiario fijo en un mundo como el antedicho, el BCRA se involucró desde el principio y por todos estos años en los fundamentos para una política monetaria invariablemente contractiva. De modo que, como se ha señalado varias veces en Chespiritu, el récord histórico del nivel de aumento de Gasto Público, debe ponerse conceptualmente al lado de (posiblemente) una de las políticas monetarias más contractivas de la historia (en este caso, sólo para sostener un precio sectorial como la paridad cambiaria).
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**De estos puntos de vista, no se deduce ninguna conclusión general sobre una devaluación, etc. Como las que dicen: toda devaluación es...Todo lo que cabe señalar sobre la economía reciente es que la fijación cambiaria e impositiva, ANTE LA INVERSION DE LA CURVA MUNDIAL DE RENDIMIENTOS (fenómeno no de los más usuales, de ahí que cualquier generalización es gratuita) la no flotación cambiaria e impositiva era una política opuesta en todo a Keynes, potencialmente implosiva (por ello), en cierto sentido irresponsable y antinacionalista, etc.
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***Si el gasto público tuvo algún efecto multiplicador (ej. del consumo), queda demostrado que, aún cuando activara hacia arriba la inflación de costos subyacente, tranquilamente podría haber oficiado como el equivalente de (creando más mercado interno que de otro modo) un factor de aumento del tipo de cambio real industrial, aún cuando activara hacia arriba la inflación de costos. En última instancia, la activación hacia arriba de la inflación de costos, en la medida en que simultáneamente acelera la creación de mercado (demanda efectiva), queda rigurosamente sujeta a relaciones de descuento: dicha movimiento de precios y costos, si va acompañada de mayor mercado que de otro modo, recibe una relación de descuento a menores tasas implícitas de interés.
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Si el que paga en última instancia las tasas negativas de interés es el BCRA, entonces el aumento del gasto público realiza, vía la creación de mercado, tal descuento de las tasas percibidas por el sector industrial. Si el gasto público se hubiera congelado, la caída de la protección al sector industrial, al congelar el ritmo de liquidez interna, hubiera presionado hacia el dólar, tanto como hoy lo hace. La solvencia del BCRA dependía, mientras fijara el dólar a 3, de la posibilidad y realización del aumento del gasto público (ver *). Ello tanto antes, como ahora. Mas información, aquí.
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Si el que paga en última instancia las tasas negativas de interés es el BCRA, entonces el aumento del gasto público realiza, vía la creación de mercado, tal descuento de las tasas percibidas por el sector industrial. Si el gasto público se hubiera congelado, la caída de la protección al sector industrial, al congelar el ritmo de liquidez interna, hubiera presionado hacia el dólar, tanto como hoy lo hace. La solvencia del BCRA dependía, mientras fijara el dólar a 3, de la posibilidad y realización del aumento del gasto público (ver *). Ello tanto antes, como ahora. Mas información, aquí.
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2 de agosto de 2009
21 de junio de 2009
Folks?
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Como se ha observado en Chespiritu de la Bolsa, la política de sustitución de importaciones del último lustro, ha adolecido de una falla capital, consistente en el hecho de que la colocación del ahorro de la economía no acompañó en lo mas mínimo los objetivos iniciales.
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Dadas las singulares circunstancias de la economía mundial, la fiscalización del mercado cambiario (e impositiva) sin la fiscalización del mercado financiero (i.e: nacionalización de depósitos), condujo a dicha divergencia, con consecuencias socioeconómicas implosivas.
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Dadas las singulares circunstancias de la economía mundial, la fiscalización del mercado cambiario (e impositiva) sin la fiscalización del mercado financiero (i.e: nacionalización de depósitos), condujo a dicha divergencia, con consecuencias socioeconómicas implosivas.
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La alternativa a por la flotación cambiaria (liberación del mercado cambiario) e impositiva era, ante dichas circunstancias exteriores, una alternativa no implosiva (aunque hubiera cambiado el objetivo, o presunto objetivo central).
La alternativa a por la flotación cambiaria (liberación del mercado cambiario) e impositiva era, ante dichas circunstancias exteriores, una alternativa no implosiva (aunque hubiera cambiado el objetivo, o presunto objetivo central).
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Sin fiscalización completa del mercado financiero, la liberación cambiaria-impositiva era la única opción no implosiva.
Sin fiscalización completa del mercado financiero, la liberación cambiaria-impositiva era la única opción no implosiva.
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Con fiscalización financiera completa, la intervención cambiaria-impositiva podría haber dispuesto de un perfil mucho mas benigno en relación a la convergencia en cuanto al destino de la colocación del ahorro de la economía.
Con fiscalización financiera completa, la intervención cambiaria-impositiva podría haber dispuesto de un perfil mucho mas benigno en relación a la convergencia en cuanto al destino de la colocación del ahorro de la economía.
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Esto plantea la cuestión de que el primer peronismo histórico habría sido mucho mas coherente con los objetivos que se planteó, que este último peronismo.
Esto plantea la cuestión de que el primer peronismo histórico habría sido mucho mas coherente con los objetivos que se planteó, que este último peronismo.
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También, ilustra el hecho de que, en las circunstancias mundiales antedichas, la llamada estrategia de "tipo de cambio real competitivo" no tenía asidero alguno mientras no involucrara, como en el primer peronismo histórico, la fiscalización de la curva de rendimientos a la par de la fiscalización-intervención cambiaria-impositiva (i.e.: nacionalización de depósitos, estatización gradual del mercado financiero).
También, ilustra el hecho de que, en las circunstancias mundiales antedichas, la llamada estrategia de "tipo de cambio real competitivo" no tenía asidero alguno mientras no involucrara, como en el primer peronismo histórico, la fiscalización de la curva de rendimientos a la par de la fiscalización-intervención cambiaria-impositiva (i.e.: nacionalización de depósitos, estatización gradual del mercado financiero).
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Se ve fácilmente que la fiscalización del mercado cambiario fue totalmente incompatible con un mercado financiero de libre concurrencia.
Se ve fácilmente que la fiscalización del mercado cambiario fue totalmente incompatible con un mercado financiero de libre concurrencia.
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Por esto, el debate estatización-no estatización, resultó y resulta completamente absurdo al abandonar la cuestión principal: estatización del mercado financiero (curva de rendimientos), mientras no se liberara el mercado cambiario; y focalizándose delirantemente en la estatización de cualesquiera otros patrimonios privados (no financieros), mientras se interviene el mercado cambiario.
Por esto, el debate estatización-no estatización, resultó y resulta completamente absurdo al abandonar la cuestión principal: estatización del mercado financiero (curva de rendimientos), mientras no se liberara el mercado cambiario; y focalizándose delirantemente en la estatización de cualesquiera otros patrimonios privados (no financieros), mientras se interviene el mercado cambiario.
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Si las condiciones políticas para una fiscalización completa del mercado financiero no eran viables, entonces la intervención cambiaria (tipo de cambio real competitivo) era catastrófica y se debió haber liberado el mercado cambiario (e impositivo). Pero nada de eso ocurrió.
Si las condiciones políticas para una fiscalización completa del mercado financiero no eran viables, entonces la intervención cambiaria (tipo de cambio real competitivo) era catastrófica y se debió haber liberado el mercado cambiario (e impositivo). Pero nada de eso ocurrió.
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Dada la intervención cambiaria (e impositiva) para dicho contexto internacional, la única opción antiinflacionaria viable era la estatización financiera, evitando la ciclicidad catastrófica emergente del juego de una intervención cambiaria y un mercado financiero de libre competencia, ante las condiciones internacionales que tuvieron lugar (el período del llamado desequilibrio de los Fundamentals mundiales antes de resolverse en la gigantesca crisis actual).
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Dada la libre competencia financiera, y dichas condiciones internacionales, la política de sustitución de importaciones basada (ilusoriamente) en la intervención cambiaria (e impositiva), era completamente inviable a mediano plazo.
Dada la libre competencia financiera, y dichas condiciones internacionales, la política de sustitución de importaciones basada (ilusoriamente) en la intervención cambiaria (e impositiva), era completamente inviable a mediano plazo.
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La orientación marxista o laborista, e incluso industrialista, de los objetivos de la política económica del último lustro, requería la completa fiscalización financiera, para ser mínimamente coherente.
La orientación marxista o laborista, e incluso industrialista, de los objetivos de la política económica del último lustro, requería la completa fiscalización financiera, para ser mínimamente coherente.
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De modo tal que se abandonó una opción con coherencia entre objetivos y políticas, la flotación y liberalización del mercado cambiario y otros, implementándose una de abrumadora incoherencia entre ambos; y durante la cual, la creciente intervención en diversos mercados (tanto como la creciente presión impositiva), fueron completamente evasivas de la cuestión principal y por tanto, estériles y dañiñas. Y así, la creciente intervención fue dañiña por eludir la cuestión capital y no per se.
De modo tal que se abandonó una opción con coherencia entre objetivos y políticas, la flotación y liberalización del mercado cambiario y otros, implementándose una de abrumadora incoherencia entre ambos; y durante la cual, la creciente intervención en diversos mercados (tanto como la creciente presión impositiva), fueron completamente evasivas de la cuestión principal y por tanto, estériles y dañiñas. Y así, la creciente intervención fue dañiña por eludir la cuestión capital y no per se.
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Esto no equivale en modo alguno a una defensa de la intervención. A una defensa de la intervención per se. Toda defensa de políticas per se, cuando no recaen simplemente en el absurdo y su vehemencia, puede ser a lo sumo un mero criterio de orientación política génerica o general, es decir, algo completamente irrelevante a la hora de decidir la política en particular en momentos puntuales del curso puntual de la economía del sistema internacional. Simplemente equivale a una defensa de un mínimo de coherencia entre las partes de la politica: si se intervino el mercado cambiario, durante las mencionadas circunstancias exteriores puntuales, se debía intervenir completamente toda la economía (sobre todo financieramente); si esto último no era viable, se debía aceptar una flotación cambiaria y una liberación de los mercados principales.
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La ingeniería económico-social del primer peronismo histórico (aun cuando reveló ser de alto riesgo y costo a mediano plazo), fué sin embargo sobradamente mas coherente que la reciente; y en este contexto comparativo, lo mismo aplica a las pretendidas doctrinas industrialistas actuales, intervencionistas actuales, estatistas actuales, etc., cuya coherencia interna es nula en tanto omiten todo concepto en relación a la curva de rendimientos, cuestión fundamentalísima en cualquier economía moderna y por lo que debe analizarse y plantearse, por así decir, con prioridad absoluta a cualquier otra.
Esto no equivale en modo alguno a una defensa de la intervención. A una defensa de la intervención per se. Toda defensa de políticas per se, cuando no recaen simplemente en el absurdo y su vehemencia, puede ser a lo sumo un mero criterio de orientación política génerica o general, es decir, algo completamente irrelevante a la hora de decidir la política en particular en momentos puntuales del curso puntual de la economía del sistema internacional. Simplemente equivale a una defensa de un mínimo de coherencia entre las partes de la politica: si se intervino el mercado cambiario, durante las mencionadas circunstancias exteriores puntuales, se debía intervenir completamente toda la economía (sobre todo financieramente); si esto último no era viable, se debía aceptar una flotación cambiaria y una liberación de los mercados principales.
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La ingeniería económico-social del primer peronismo histórico (aun cuando reveló ser de alto riesgo y costo a mediano plazo), fué sin embargo sobradamente mas coherente que la reciente; y en este contexto comparativo, lo mismo aplica a las pretendidas doctrinas industrialistas actuales, intervencionistas actuales, estatistas actuales, etc., cuya coherencia interna es nula en tanto omiten todo concepto en relación a la curva de rendimientos, cuestión fundamentalísima en cualquier economía moderna y por lo que debe analizarse y plantearse, por así decir, con prioridad absoluta a cualquier otra.
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Sin una curva de rendimientos controlada (autocontrolada, ó por fiscalización, ó por intervención factible de un Banco Central según el régimen monetario fáctico), toda devaluación corre el riesgo de ser absurda (o llanamente una expropiación), toda estatización (de patrimonios privados no financieros) absurda y una dilapidación de la hacienda nacional en pos de los objetivos peor diseñados imaginables. El equivalente de recolectar los frutos alguna vez concebidos, y arrojarlos al fuego.
Sin una curva de rendimientos controlada (autocontrolada, ó por fiscalización, ó por intervención factible de un Banco Central según el régimen monetario fáctico), toda devaluación corre el riesgo de ser absurda (o llanamente una expropiación), toda estatización (de patrimonios privados no financieros) absurda y una dilapidación de la hacienda nacional en pos de los objetivos peor diseñados imaginables. El equivalente de recolectar los frutos alguna vez concebidos, y arrojarlos al fuego.
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Toda discusión acalorada, fué y sera el preludio para recolectar tales frutos y arrojarlos una vez más al fuego. Sectores sociales como el agrario, han recibido el agravio procedente de la conflictividad irremediable que presento la elocuente contradiccion en el diseño de la politica.
Toda discusión acalorada, fué y sera el preludio para recolectar tales frutos y arrojarlos una vez más al fuego. Sectores sociales como el agrario, han recibido el agravio procedente de la conflictividad irremediable que presento la elocuente contradiccion en el diseño de la politica.
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Es completamente anómalo y perjudicial obligar cada vez mas a cada vez mayor cantidad de personas a empujar un automóvil que no tiene una sola gota de nafta; el automovil no arrancará, nunca irá en la dirección deseada. Esa dirección trunca ha sido a causa de las cuestiones del sistema financiero antedichas. El temprano diseño de la maquinaria ha sido mas artístico que de ingeniería, y el análisis posterior, ideológico y no técnico o cientítico.
Es completamente anómalo y perjudicial obligar cada vez mas a cada vez mayor cantidad de personas a empujar un automóvil que no tiene una sola gota de nafta; el automovil no arrancará, nunca irá en la dirección deseada. Esa dirección trunca ha sido a causa de las cuestiones del sistema financiero antedichas. El temprano diseño de la maquinaria ha sido mas artístico que de ingeniería, y el análisis posterior, ideológico y no técnico o cientítico.
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Al General, con todos sus desatinos y errores, no se le habría pasado por alto el grueso error de diseño en la temprana devaluación-postdevaluación.
Al General, con todos sus desatinos y errores, no se le habría pasado por alto el grueso error de diseño en la temprana devaluación-postdevaluación.
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Las discusiones económicas y políticas observadas en el último lustro y las actuales parecen salidas de un vago onirismo, en el que la vehemencia de los comités, lobbys, el pueblo, etc. hace todas las veces de pre-juicio, lo que aplica además, para los autodenominados intelectuales de cualquier vertiente.
Las discusiones económicas y políticas observadas en el último lustro y las actuales parecen salidas de un vago onirismo, en el que la vehemencia de los comités, lobbys, el pueblo, etc. hace todas las veces de pre-juicio, lo que aplica además, para los autodenominados intelectuales de cualquier vertiente.
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Todo esto, además, habla de la historia del partido justicialista, que al parecer, se habría alejado de las instancias de fuerte apuesta y riesgo en materia de transformación social, al costo de asumir posiciones intrínsecas harto incoherentes, que de ningún modo se observaron en el pensamiento del General Perón. Y por ende, llama la atención hacia la cuestión de qué clase de historiografía ha sido aquella del Peronismo para consigo mismo, en la que cuestiones medulares como la antes señalada, no recibieron mención alguna durante mas de 5 decádas..
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Al mismo tiempo, llama a mirar con desconcierto al planteo de la autodenominada izquierda que al parecer, tanto como el peronismo en vigencia, desconoce la coherencia interna de la (preconcebidamente riesgosa) tecnología del peronismo del General Perón.
Todo esto, además, habla de la historia del partido justicialista, que al parecer, se habría alejado de las instancias de fuerte apuesta y riesgo en materia de transformación social, al costo de asumir posiciones intrínsecas harto incoherentes, que de ningún modo se observaron en el pensamiento del General Perón. Y por ende, llama la atención hacia la cuestión de qué clase de historiografía ha sido aquella del Peronismo para consigo mismo, en la que cuestiones medulares como la antes señalada, no recibieron mención alguna durante mas de 5 decádas..
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Al mismo tiempo, llama a mirar con desconcierto al planteo de la autodenominada izquierda que al parecer, tanto como el peronismo en vigencia, desconoce la coherencia interna de la (preconcebidamente riesgosa) tecnología del peronismo del General Perón.
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E igualmente con extrañeza, al de la autodenominada derecha. De modo tal que, con una escuela como la del General en el haber, el país se encuentra con comités de adherentes a unas políticas de la derecha peronista (so called) que establece el ideario de un neo-industrialismo basado en la incoherente aplicación de una intervención del mercado cambiario sin intervención de la curva de rendimientos desde el principio (ideario defendido en términos de una imposible estrategia de tipo de cambio real competitivo), así como adherentes de una izquierda peronista, que pasando nuevamente por alto dicha lógica elemental (de un peronismo inicial que con tal de realizar transformaciones de magnitud, no reparaba en el riesgo político, social, etc.), descarga en sectores básicamente extraños, el costo que nace en el hecho de dejar en libertad la curva de rendimentos (sistema financiero), mientras se intenta (vanamente) realizar con éxito una intervención tal que permita el logro de ciertos objetivos.
E igualmente con extrañeza, al de la autodenominada derecha. De modo tal que, con una escuela como la del General en el haber, el país se encuentra con comités de adherentes a unas políticas de la derecha peronista (so called) que establece el ideario de un neo-industrialismo basado en la incoherente aplicación de una intervención del mercado cambiario sin intervención de la curva de rendimientos desde el principio (ideario defendido en términos de una imposible estrategia de tipo de cambio real competitivo), así como adherentes de una izquierda peronista, que pasando nuevamente por alto dicha lógica elemental (de un peronismo inicial que con tal de realizar transformaciones de magnitud, no reparaba en el riesgo político, social, etc.), descarga en sectores básicamente extraños, el costo que nace en el hecho de dejar en libertad la curva de rendimentos (sistema financiero), mientras se intenta (vanamente) realizar con éxito una intervención tal que permita el logro de ciertos objetivos.
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De modo que esto lleva a preguntarse a qué podría haberse debido la degradación del riesgoso pero inteligente peronismo del General, escindiéndose en dos ramas tan conservadoras como intelectualmente fallidas, las denominadas derecha e izquierda peronista, que no casualmente adquirieron en esa lamentable conversión, dos adjetivos (derecha e izquierda) que eran incompatibles (por lo menos, en el anhelo) con el peronismo de Juan Domingo Perón.
De modo que esto lleva a preguntarse a qué podría haberse debido la degradación del riesgoso pero inteligente peronismo del General, escindiéndose en dos ramas tan conservadoras como intelectualmente fallidas, las denominadas derecha e izquierda peronista, que no casualmente adquirieron en esa lamentable conversión, dos adjetivos (derecha e izquierda) que eran incompatibles (por lo menos, en el anhelo) con el peronismo de Juan Domingo Perón.
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10 de junio de 2009
Lado-B
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Siguiendo con algunos temas de escasa difusión, se observan algunas cuestiones de gran singularidad sobre la economía reciente.
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Como se ha mencionado con anterioridad, la curva mundial de rendimientos se invirtió (por los mercados de capitales y los Bancos Centrales) desde aproximadamente 2004. En ése contexto, que no está contemplado en ninguna teoría formal ni informal de macroeconomía (salvando los textos de Leijonhufvud), sucedió lo siguiente.
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La inversión de la curva mundial de rendimientos (una de cuyas dos contracaras puede considerarse como un cierto alcismo en un conjunto muy heterogéneo de bolsas), adoptó una forma bastante concreta respecto a la estructura preexistente de interrelación entre las monedas.
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La inversión de la curva provocó la devaluación del Dólar (hasta antes de la crisis actual) en el sentido preciso de que las monedas en flotación (i.e. metas de inflación) recibieron con políticas de aumentos en las tasas de referencia (y por consiguiente, de los spreads contra las del Dólar) el componente de alcismo generalizado de la inversión de la curva mundial que, teniendo por epicentro a cierta interacción entre los Estados Unidos y la República de China (i.e.), habría ido efectivizándose con continua antelación, en el resto de los países (no epicéntricos).¹
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Esa continua antelación en el efecto, y los spreads de tasas resultantes, que puede parecer una profusa lluvia de huevos (una huevada), se relacionó con el crecimiento exponencial de los costos sociales (además de y por el de los de producción y, desde estos, los fiscales) de las políticas de Argentina.
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Como se ha mencionado con anterioridad, la curva mundial de rendimientos se invirtió (por los mercados de capitales y los Bancos Centrales) desde aproximadamente 2004. En ése contexto, que no está contemplado en ninguna teoría formal ni informal de macroeconomía (salvando los textos de Leijonhufvud), sucedió lo siguiente.
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La inversión de la curva mundial de rendimientos (una de cuyas dos contracaras puede considerarse como un cierto alcismo en un conjunto muy heterogéneo de bolsas), adoptó una forma bastante concreta respecto a la estructura preexistente de interrelación entre las monedas.
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La inversión de la curva provocó la devaluación del Dólar (hasta antes de la crisis actual) en el sentido preciso de que las monedas en flotación (i.e. metas de inflación) recibieron con políticas de aumentos en las tasas de referencia (y por consiguiente, de los spreads contra las del Dólar) el componente de alcismo generalizado de la inversión de la curva mundial que, teniendo por epicentro a cierta interacción entre los Estados Unidos y la República de China (i.e.), habría ido efectivizándose con continua antelación, en el resto de los países (no epicéntricos).¹
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Esa continua antelación en el efecto, y los spreads de tasas resultantes, que puede parecer una profusa lluvia de huevos (una huevada), se relacionó con el crecimiento exponencial de los costos sociales (además de y por el de los de producción y, desde estos, los fiscales) de las políticas de Argentina.
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La devaluación del Dólar, causada por la inversión de la curva mundial, tuvo como consecuencia para la política de fijación cambiaria-impositiva y no flotación cambiaria-impositiva, un efecto convergente con el de la inversión de la curva mundial (que fué la causa de la devaluación del Dólar) sobre tales políticas: la existencia simultánea de un aumento en el tipo de cambio nominal (la devaluación del Dólar es la Devaluación del Dólar, y es la Devaluación del Peso) y un aumento de las tasas de interés relevantes para la inversión reproductiva, tal que generó un movimiento nominal hacia arriba en toda la economía, dejando un tipo de cambio real siempre constante aún con dicho movimiento nominal en gran escala. Es decir, una suma de gran devaluación nominal (del Dólar y por tal, del Peso) más un crecimiento enorme de términos de intercambio, más un gran y altamente nocivo aumento en las tasas de interés. Con un tipo de cambio real constante resultante.
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De manera que la economía argentina habría importado en su totalidad los desequilibrios macroeconómicos mundiales de un mundo en una gran expansión tal que llevó al mundo a una gran crisis financiera. De modo que cabe pensar si la actividad argentina no se movera al compás de la de la media del pbi mundial, a diferencia de la de otros paises en los que podría moverse más lejos de la media mundial.
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Argentina podría haber reducido los impuestos al comercio exterior tanto como el precio del Dólar, dejando que el componente de alcismo generalizado de la inversión de la curva mundial sea el factor de generación de un aumento del tipo de cambio para el comercio exterior y el mercado interno, y al mismo tiempo aumentar las tasas de interés (del dinero), para lograr con ambos elementos, que la economía recibiera una baja en las tasas de interés del capital (ahorro) en su propia moneda (que se dió en todas partes en donde los mercados fueron libres, libres durante un periodo internacional de gran bonanza), que dirigiese un sistema de colocación del ahorro disponible, en lo que hubiera sido un fortalecimiento gradual pero continuo de sus condiciones iniciales (a diferencia de lo que ha ocurrido, cuando el ahorro, a raíz de una anomalía en su curva de rendimientos doméstica, fué colocado en actividades divergentes y presionando continuamente hacia la pérdida de las condiciones iniciales para su operación sucesiva, con lo cual la divergencia tuvo un multiplicador y su multiplicación; con los cuales, a su vez, se relaciona el crecimiento de los costos sociales y de producción antes mencionados).
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Que un país tenga que administrar un aumento en sus tasas de interés de referencia para que el mercado cotice descendentemente sus tasas de interés, tampoco se encuentra en ninguna teoría formal de macroeconomía (o políticas monetarias), pero tal elección es evidente cuando el mercado internacional (y de ser libre, el del propio país) ya está cotizando descendentemente las tasas, mientras el promedio de Bancos Centrales aumentan sus tasas de referencia para moderar ciertas cuestiones que aquello engendra. Pero la inversión de la curva mundial de rendimientos tampoco es objeto de ninguna teoría formal, y entonces, dicha obviedad no figura en ninguna parte.
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Por tal razón, gran cantidad de veces se cree discutir la ventaja de las llamadas políticas de estabilización, cuando toda política de estabilización siempre se define por y desde cuestiones puntuales del funcionamiento dentro de un sistema internacional de economías, y nunca al margen. Y esto es porque la inestabilidad macroeconómica siempre proviene de tales cuestiones puntuales, siendo las demás circunstancias, microeconómicas.
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Todo por lo cual, la discusión in-definida de políticas de estabilización (i.e: el papel del gasto público, presunta política de estabilización por excelencia) ha sido en Argentina una discusión de microeconomía², y una discusión de microeconomía tal que dejó las situaciones de la macroeconomía (correctamente definidas) totalmente periféricas durante un lustro, y cuyos aspectos concretos empezaron a mostrarse, ya concentrados y multiplicados (post-multiplicador), con gran claridad desde hace un tiempo³.
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¹ Grados de inversión en el Euro y en Brasil, simultáneos a la devaluación del Dólar contra ambas monedas, se observa en las mitades derechas del gráfico kaleckiano (publicado en su 109 aniversario, y el que nos preguntábamos si las políticas recientes de Argentina eran marxistas).
² El gasto público no tuvo ningún efecto no neutral sobre la (inexistente, salvo definida de modo completamente ad-hoc) demanda agregada, ningún efecto no microeconómico en el último lustro.
² El gasto público no tuvo ningún efecto no neutral sobre la (inexistente, salvo definida de modo completamente ad-hoc) demanda agregada, ningún efecto no microeconómico en el último lustro.
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³ El debate industria vs. agro, se ha seguido librando en el insólito y absurdo (para tal debate) contexto de la microeconomía, dejando la macroeconomía en el estante de las Lenguas Muertas, tal como lo estaba y está para cualquieras otros debates (más y menos desvirtuados que aquél). Lo insólito del contexto microeconómico para tal debate, se observa en el hecho de que en los últimos diez años, Argentina ha transitado por dos grandes convulsiones (una etiquetada de liberal y otra de industrial-popular) en las cuales no por casualidad la macroeconomía hizo de Lengua Muerta y, en la última de las cuales además, la defensa ad-hoc de la vía industrialista (y un aleatoriamente definido pleno empleo) coincide con un momento en el que la economía argentina importa los gigantescos desequilibrios macroeconómicos de un mundo con alta tasa de expansión y, ahora, gigantesca crisis; es decir, importa la exponencial tasa de desequilibrio macroeconómico anidada en una economía mundial que, durante un tiempo y hasta dar con una enorme crisis largamente presentida, tuvo exponenciales tasas de crecimiento.
El logro de objetivos políticos como los laborales, etc., debería perseguirse bien por fuera de la alternativa a entre gatillar la economia en un sentido industrialista o en un sentido contrario. Si bien dicha posibilidad puede resultar de complejísima resolución en lo hechos (políticos) concretos, también es astronomicamente descabellado y tecnocrático buscar su emergencia a través de una sucesión indefinida de regímenes marxistas seguidos de regímenes ultra-liberales.
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16 de abril de 2009
Titanes en el Ring
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Continuando con algunos temas anteriores que aún siguen ganando vigencia, se observa que la política del Banco Central de Argentina en los recientes años, contraria al uso de una moneda estándar como unidad de cuenta y riesgo (lo que se hubiera posibilitado en un régimen de metas de inflación, como el que se mencionó varias veces en el blog de la ciencia maldita) llevó hacia una trampa de liquidez por resultar divergente respecto de la inversión de la curva mundial de rendimientos, y por ese motivo, emplazó a la política fiscal en una posición contragradiente tal que debía tratar de acomodar esa situación de un creciente riesgo de base sistémico en la curva de rendimientos de la economía de este país.
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De modo que en un sentido, las finanzas del Estado Nacional estuvieron obligadas a operar contratendencia a la política del Banco Central de Argentina.
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Esto contrasta con la funcionalidad de la política fiscal en una economía en la que ambas instancias operan hacia una misma dirección, como sucede de modo no deseado en períodos, en ciertos regímenes monetarios que dan lugar imprevisiblemente a comportamientos cíclicos como en Keynes, y que no es otra (la función del gasto estatal) que corregir el comportamiento de la curva de rendimientos del sistema de intermediación financiera, del que emerge no solo la cantidad sino la composición de la demanda efectiva (es decir, el nivel del equilibrio entre demanda agregada y oferta agregada, que siempre están en equilibrio en una teoría macroeconómica-aunque no en una microeconómica; y tambien la composición relativa: consumo-presente y/o exportaciones netas, inversión-consumo futuro: situación que también se decide en dicho sistema, según las posibilidades que permite en cada momento el régimen monetario; ej. en Argentina, no flotar)
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Una resumen aproximado de lo que haría la política fiscal en una situación en que operara con sinergia junto a la Banca Central (el mercado dicta una curva inconveniente de tasas y entre ambos se oponen), contraria a la que se ha observado en Argentina (la no flotación dicta una curva de tasas inconveniente y el fisco se opone, durante un auge externo que se lo permite), se puede observar en un texto anterior del blog.
Lo anterior se puede resumir señalando que la política económica en el período en cuestión ha sido "del lado de la oferta" (ver, por ej., aquí).
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27 de marzo de 2009
σ
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Como hemos tratado de ver hasta aquí en esta web, la precedente política del Banco Central de Argentina contraria a la flotación cambiaria y el asociado rendimiento de gravámenes al comercio internacional, durante un momentum de divergencia en importantísimos Fundamentals de la economía internacional, ha traído un sistema de circunstancias interrelacionadas.
.Respecto del ciclo económico, engendró un desplazamiento cíclico (involuntario) desde el mercado de capital hacia una hipertrofia del mercado de dinero, inseparable de una realimentación de un exceso de oferta de dólares (vinculado a la creciente debilidad del mercado de capital y al crecimiento de los rendimientos relativos del capital en alguna denominación monetaria o unidad de cuenta).
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Una economía en ese tránsito involuntario, mientras aparenta acumular reservas exteriores a causa de un proceso de sustitución de importaciones, en realidad muy probablemente lo hace a causa de una tendencia irremediable a la emergencia de una demanda especulativa de dinero hipertrofiando el mercado de dinero mientras los términos internacionales de intercambio se multiplican, y al tiempo que la erosión irremediable del mercado de capital y las altas tasas relativas de interés que paga la economía a causa del riesgo financiero que entraña dicho diseño, desalientan la demanda de dólares para invertir en importaciones de bienes de capital.
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Así se observa que el crecimiento del gasto público en dicho esquema de no flotación-apreciación nominal, ha corrido siempre detrás de la creciente y acumulativa atrofia del mercado de capital y la creciente hipertrofia del mercado de dinero, en dicho esquema de no flotación-apreciación nominal y, en cierto sentido y por ello, ha corrido siempre detrás de la inflación (o podría decirse, ha sido independiente* de la inflación, que tuvo lugar debido a la combinación de una multiplicación de los ToT-asociada a la hipertrofia del mercado de dinero, más un mercado de capital que cae simultáneamente en un proceso de atrofia irreversible).
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Por esto último de una hipertrofia del mercado de dinero simultánea a una creciente atrofia relativa del mercado de capital, es que la economía reciente se movió como en una trampa de liquidez. En este caso, creció a tasas orientales dentro de una trampa de liquidez¹.
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De manera tal que por no apreciar nominalmente la moneda desde el inicio, la atrofia creciente del mercado de capital en sus altas tasas relativas resultantes (relativas en términos de las tasas de corto plazo) engendró un proceso de descuento del crecimiento del gasto público a tasas crecientes de interés, dejando un valor presente cada vez más neutral e inclusive decreciente de los egresos fiscales aún ante grandes tasas de crecimiento corriente de los mismos.
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Esta situación, de atrofia del mercado de capital que desalentó de manera ex-ante la inversión privada (y parte de la demanda de dólares) y más tarde empezó a descontar también a tasas crecientes de rendimientos, el valor de los egresos fiscales corrientes, evidentemente se dió simultáneamente a la hipertrofia del mercado de dinero y los mercados de consumo por la causa subyacente que ha sido la enorme multiplicación de los ToT.
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De modo que esta última, fue simultánea al aumento de las tasas de descuento del valor de los (crecientes) egresos fiscales corrientes.
.Y la asignación (o distribucion) del crecimiento entre actividades, tuvo lugar en ese juego de tenaza, mientras la solvencia del Estado perdió performance lenta pero continuamente.
.El problema de una asignación tal del crecimiento, es obviamente que al pasar a ser insolvente, la economía deberá buscar alguna alternativa solvente (si el consenso político llega a adquirir alguna vez alguna relación con el punto de la solvencia económica-que no es otra que la solvencia del trabajo y ahorro de la población- y, desde ahí, la solvencia o continuidad política) y que, al girar hacia una asignación solvente, el costo de la enmienda para el país no se puede evitar.
.De manera que no parece inútil la cuestión de discutir todo el progresismo que se quiera en materia política, dejando aparte un consenso sobre las alternativas para no arriesgar el trabajo y ahorro de las personas, a un tránsito hacia la insolvencia y la evaporación.
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Haber tenido un dólar nominal más bajo (y menores impuestos al comercio entre países), posiblemente habría sido tan y más desarrollista como un (ocultamente dañino) dólar nominal alto con impuestos al comercio internacional, si el dañino sistema político se hubiera arreglado a sí mismo (cuestión que no queda para nada claro que vaya a ser alguna vez posible, o porqué debiera alguna vez poder serlo), en vez de enmascararse en las idas y venidas de un sistema bancario.
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¹ La coexistencia de inflación y una trampa de liquidez no es casual. En realidad, la unidad de cuenta (y riesgo) implícita (que no ha sido el dólar) causó dicha trampa de liquidez y por esa misma razón, el peso perdió valor o poder adquisitivo.
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Devaluar el peso contra el dólar y al mismo tiempo establecer un aumento de los impuestos al comercio de exportación, naturalmente no hace del dólar una unidad de cuenta demasiado efectiva. Del mismo modo que existen canastas de monedas como unidad de cuenta y riesgo, también existen canastas de commodities como unidades de cuenta y riesgo o patrones fiduciarios (por ej. el oro, plata, etc.).
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El caso de la Argentina reciente, es uno en el que la no libre flotación (apreciación nominal) del dólar ha significado precisamente que el dólar no fué la unidad de cuenta efectiva. En relación a esto, justamente, las voces que solicitaban la rectificación de la política hacia una libre flotación (revaluación nominal y eliminación de retenciones), eran y son voces que solicitan la adopción de una unidad de cuenta y riesgo generalizada como el dólar o una canasta más amplia. En lugar de una que obedece a la discreción efímera de una parte del sistema político (la canasta efectiva en cuestión, habría sido una relacionada con algunos mercados, como el de commodities, algunos activos y tasas externas, etc.: esto se puede comprender intuitivamente cuando se piensa en aumento del dólar junto a un aumento de impuestos al comercio de commodities, que en cierto sentido se anulan en relación a la efectividad).
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Parte del punto fué (y todavía es) no la canasta efectiva como tal, sino la discrecionalidad de esa canasta efectiva que constituye la unidad de cuenta o patrón fiduciario para la economía del país, mientras que como es sabido, existen patrones basados en canastas efectivas que son indiscrecionales (y en muchos sistemas políticos alrededor del mundo de hoy).
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Por ello la discusión devaluacionismo versus no devaluacionismo, mientras no apunte a completarse en el sentido de una discusión entre una nueva canasta efectiva u otra canasta efectiva (discrecionales o no), no dispone de puntos de apoyo y queda en el aire.
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* Si la aparente inflación pudiera denominarse de costos, entonces es por definición evidente que el ritmo del gasto público no ha sido elemento clave. Como alguna vez señaló el autor de un maldito blog, la "inflación" era de origen cambiario.
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6 de febrero de 2009
res pública
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EM: Según entiendo tu argumento, es que si el gobierno argentino hubiera reducido las retenciones a la exportaciones, pari passu con la devaluación del Dólar frente a las demás monedas, cuando comenzaron a distanciarse las tasas de referencia de los otros Bancos Centrales con respecto a las de la FED, se podría haber inducido una baja en la tasa de interés interna en Argentina sin que se devaluara el Dólar con respecto al Peso, es decir, sin que se apreciara el Peso respecto al Dólar*.
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Yo creo que como vos sostenés, la eliminación de las retenciones hubiera probablemente permitido una baja en la tasas de interés en Argentina, pero ello hubiera sido consecuencia de la menor inflación derivada de la apreciación que habría experimentado el Peso con respecto al Dólar. Por supuesto que ello hubiera evitado la devaluación del Peso en relación a las demás monedas.
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HB: Sí, tal era mi argumento. El suyo, es también comprensible. En ambos, la apreciación del Peso hubiera traído un proceso de baja en las tasas de interés, digamos, a partir de una menor inflación (yo diría una menor inflación ex-ante).
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Recién ahora, con ése punto ya aclarado, puede expresarse otro punto que sería muy importante. La importancia se relaciona con que éste otro punto, ya esta ciento por ciento teorizado en Keynes.
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Para empezar, se podría decir que entonces, en tanto la no apreciación del Peso iba a causar un proceso de aumento en las tasas de interés (yo diría rendimientos, para hacerlo más Keynes), la no apreciación fue un esquema de política anti-Keynes (Keynes, por ejemplo, escribió nada menos que su libro de 1930-considerado por Friedman el mejor libro de Keynes, dedicado a oponerse a la revaluación de la Libra inglesa en 1925 a la paridad de pre-guerra, puesto que ello implicaba tener que aumentar las tasas de interés para sostener ésa nueva paridad (menor), y ello iba a implicar aumentos en toda la curva, caída de la Inversión interna y un proceso de deflación en Inglaterra.
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Resumiendo: no apreciar el Peso fue un esquema contrario al Keynes del Treatise on Money.
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Pero Keynes fue más lejos que eso, y años después agregó el análisis de la gestación y desenlace, del ciclo económico (lo que en macroeconomía debe evitarse, pues por definición consiste en comportamientos que se autodestruyen).
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De manera que la no apreciación del Peso, habría gestado un ciclo en la economía de Argentina; comportamiento que, por definición, se autodestruiría (razón por la cual habría sido anti-Keynes) y ello, por la variable central en Keynes, los rendimientos.
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El alza en los rendimientos, dicho en lenguaje Keynes, habría engendrado una acumulación del crecimiento impulsado por la mejora de los TOT, en torno a una burbuja (discontinua por definición) de Consumo y cuya contracara, en Keynes, habría sido el vaciamiento gradual del componente Inversión (privada)¹, ligado a los rendimientos.
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Pero de aquí, surge toda una sencilla perspectiva para la cuestión fiscal.
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Si el esquema iba a traer alzas en las tasas (o rendimientos), y a vaciar el componente Inversión (privada) del (alto) crecimiento, y todo eso por definición, entonces la solvencia fiscal a n-períodos vista estuvo amenazada desde el inicio, también por definición.
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Y ello explicaría que, como en el Keynes conocido, en el cual el gasto estatal debe operar para paliar el efecto de un proceso de alza en las tasas-rendimientos (Tal y ningún otro es el sentido de la política fiscal expansiva de Keynes: gastar más, cuando las tasas suben y el Banco Central nada puede hacer en contra, por causa de cierta resistencia bursàtil**), el gasto estatal haya aumentado como lo hizo, y cada vez más, en tanto el esquema subyacente (no apreciar) no fué modificado, razón por la cual el alza de tasas continuó y continuó (cada vez más cíclicamente, y así dando un mercado cada vez más consumista y con menos Inversión Privada, en términos relativos)¹.
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Así se llegó a que, por no cambiar el esquema subyacente, el gasto estatal haya tenido que aumentar (si se pretendía crecer) continuamente y, sin embargo, cada vez con un "multiplicador" más débil, digamos; por lo cual se atinó a aumentar los impuestos (125).
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Es decir, la raíz fue anti-Keynes, y se la intentó paliar (aunque vanamente y cada vez más peligrosamente) con mayor gasto estatal. Pero ésto último, en cierto sentido era anticíclico, o sea, paliaba los desmanes del esquema subyacente. Si el Estado hubiera ahorrado más y gastado menos, mientras el esquema subyacente continuara, se hubiera estado doblemente en contra del principio de la macroeconomía. Es decir, el énfasis no debe ponerse en el Gasto expansivo, sino en los efectos (ex-ante) de la no apreciación del Peso.
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Yo creo que como vos sostenés, la eliminación de las retenciones hubiera probablemente permitido una baja en la tasas de interés en Argentina, pero ello hubiera sido consecuencia de la menor inflación derivada de la apreciación que habría experimentado el Peso con respecto al Dólar. Por supuesto que ello hubiera evitado la devaluación del Peso en relación a las demás monedas.
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HB: Sí, tal era mi argumento. El suyo, es también comprensible. En ambos, la apreciación del Peso hubiera traído un proceso de baja en las tasas de interés, digamos, a partir de una menor inflación (yo diría una menor inflación ex-ante).
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Recién ahora, con ése punto ya aclarado, puede expresarse otro punto que sería muy importante. La importancia se relaciona con que éste otro punto, ya esta ciento por ciento teorizado en Keynes.
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Para empezar, se podría decir que entonces, en tanto la no apreciación del Peso iba a causar un proceso de aumento en las tasas de interés (yo diría rendimientos, para hacerlo más Keynes), la no apreciación fue un esquema de política anti-Keynes (Keynes, por ejemplo, escribió nada menos que su libro de 1930-considerado por Friedman el mejor libro de Keynes, dedicado a oponerse a la revaluación de la Libra inglesa en 1925 a la paridad de pre-guerra, puesto que ello implicaba tener que aumentar las tasas de interés para sostener ésa nueva paridad (menor), y ello iba a implicar aumentos en toda la curva, caída de la Inversión interna y un proceso de deflación en Inglaterra.
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Resumiendo: no apreciar el Peso fue un esquema contrario al Keynes del Treatise on Money.
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Pero Keynes fue más lejos que eso, y años después agregó el análisis de la gestación y desenlace, del ciclo económico (lo que en macroeconomía debe evitarse, pues por definición consiste en comportamientos que se autodestruyen).
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De manera que la no apreciación del Peso, habría gestado un ciclo en la economía de Argentina; comportamiento que, por definición, se autodestruiría (razón por la cual habría sido anti-Keynes) y ello, por la variable central en Keynes, los rendimientos.
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El alza en los rendimientos, dicho en lenguaje Keynes, habría engendrado una acumulación del crecimiento impulsado por la mejora de los TOT, en torno a una burbuja (discontinua por definición) de Consumo y cuya contracara, en Keynes, habría sido el vaciamiento gradual del componente Inversión (privada)¹, ligado a los rendimientos.
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Pero de aquí, surge toda una sencilla perspectiva para la cuestión fiscal.
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Si el esquema iba a traer alzas en las tasas (o rendimientos), y a vaciar el componente Inversión (privada) del (alto) crecimiento, y todo eso por definición, entonces la solvencia fiscal a n-períodos vista estuvo amenazada desde el inicio, también por definición.
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Y ello explicaría que, como en el Keynes conocido, en el cual el gasto estatal debe operar para paliar el efecto de un proceso de alza en las tasas-rendimientos (Tal y ningún otro es el sentido de la política fiscal expansiva de Keynes: gastar más, cuando las tasas suben y el Banco Central nada puede hacer en contra, por causa de cierta resistencia bursàtil**), el gasto estatal haya aumentado como lo hizo, y cada vez más, en tanto el esquema subyacente (no apreciar) no fué modificado, razón por la cual el alza de tasas continuó y continuó (cada vez más cíclicamente, y así dando un mercado cada vez más consumista y con menos Inversión Privada, en términos relativos)¹.
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Así se llegó a que, por no cambiar el esquema subyacente, el gasto estatal haya tenido que aumentar (si se pretendía crecer) continuamente y, sin embargo, cada vez con un "multiplicador" más débil, digamos; por lo cual se atinó a aumentar los impuestos (125).
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Es decir, la raíz fue anti-Keynes, y se la intentó paliar (aunque vanamente y cada vez más peligrosamente) con mayor gasto estatal. Pero ésto último, en cierto sentido era anticíclico, o sea, paliaba los desmanes del esquema subyacente. Si el Estado hubiera ahorrado más y gastado menos, mientras el esquema subyacente continuara, se hubiera estado doblemente en contra del principio de la macroeconomía. Es decir, el énfasis no debe ponerse en el Gasto expansivo, sino en los efectos (ex-ante) de la no apreciación del Peso.
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** Apreciándose con respecto a las démas monedas.
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** Esto puede incluso ser una errónea política, dependiendo de las circunstancias internacionales. En una trampa de liquidez estandard (resistencia bursàtil debida al sobredimensionamiento dinámico del ancla implícita en el régimen monetario-cambiario preexistente), la tendencia del mercado a volcarse hacia las exportaciones netas (que deprime el interior) se da mientras los precios internacionales se dan con tendencia a la baja (por circunstancias más o menos similares en otros países y monedas), razón por la que tal prescripción puede ser correcta. En éste caso, el valor de la expansión fiscal tal vez se descuente implícitamente al nivel (decreciente) de precios de las importaciones, o a un nivel aproximadamene constante de los términos de intercambio (con decrecimiento simultáneo en sus dos componentes). Esta misma relación, podría dificultar una política de tal naturaleza (y expansivas en general) para Estados Unidos hoy.
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.v¹¹ Así se llega fácilmente a la observación de la relación entre microeconomías (endógenas) y Regímenes Monetarios (Flotación-No Flotación), algunas de las cuales-como demostró Keynes, son cíclicas y perecen.
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.v¹¹ Así se llega fácilmente a la observación de la relación entre microeconomías (endógenas) y Regímenes Monetarios (Flotación-No Flotación), algunas de las cuales-como demostró Keynes, son cíclicas y perecen.
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